Noticia Exclusivo suscriptores Carlos Sarmiento, el guardia de la Universidad Nacional en Bogotá que transformó el dolor y la rutina en poesía en medio de sus laboresTras superar una grave enfermedad, autopublicó su propio libro de poemas, una obra que ya cosecha reconocimientos en Europa y América Latina.Guarda de seguridad de la Unal que dedica sus tiempos libres a escribir poesía. Foto: Néstor Gómez - El TiempoLink Laura Daniela Alarcón VargasPERIODISTA24.07.2026 22:01 Actualizado: 24.07.2026 22:01 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles A las seis de la mañana, cuando el frío capitalino empieza a bajar de los cerros orientales y la masa de estudiantes se desplaza hacia las entradas de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, Carlos Alejandro Sarmiento inicia su jornada laboral.Para la gran mayoría de los estudiantes, directivos y personas que transitan por el campus, él es el guardia de seguridad que vigila los accesos, quien está atento y se encarga de controlar el paso entre la entrada de la calle 45 y la sede administrativa. Sin embargo, detrás de su labor se esconde un poeta que aprendió a traducir el asfalto, el dolor físico y la cotidianidad en poemas.La historia de Carlos es la de una vocación terca y silenciosa, una que sobrevivió a los giros más bruscos de la economía familiar, a la enfermedad y a las largas jornadas de la vigilancia privada.La historia de Carlos es la de una vocación terca y silenciosa. Foto:Néstor Gómez - El Tiempo El primer brote en hojitas blancasTodo comenzó en los salones del Instituto Normal Nuestra Señora de la Paz, en el barrio Barón, donde Carlos cursó su bachillerato. Fue allí, entre las clases de español y el primer amor adolescente de sus 17 años, donde la necesidad de escribir tocó a su puerta por primera vez. “Yo todavía no sabía qué era métrica, melodía o ritmo, no sabía qué era un verso”, recuerda Carlos. Sin embargo, el sentimiento era más fuerte que la técnica. Desde la cocina de su abuela, en un segundo piso, Carlos miraba pasar a una niña por el patio inferior. De esa contemplación ingenua nació uno de sus primeros poemas, el cual reposa en su primer libro y fue escrito a pulso en hojas blancas. LEA TAMBIÉN Más de 500 ataques en un solo punto: el deprimido más vandalizado de Bogotá estrena blindaje en su alumbrado para evitar hurtos en el sectorLaura Alarcón Vargas