Este 26 de abril, en el marco del Día Internacional de la Propiedad Intelectual, se reconoce la histórica lucha por proteger los derechos que garantizan el fruto del ingenio humano. Estos derechos, lejos de ser estáticos, son comparados con un rayo que nunca cesa ni se agota, reflejando su naturaleza dinámica y colectiva, que impulsa el progreso cultural y social independientemente del medio o formato.
La propiedad intelectual actúa hoy como la mayor red social y cultural, accesible para toda la ciudadanía, y se define como un derecho glocal y participativo. La creación actual es patrimonio común del mañana, gracias a su función comunitaria y social. Este derecho ha acompañado la evolución tecnológica desde la imprenta hasta las plataformas digitales y la inteligencia artificial, mostrando una arquitectura vinculada a la energía social, las humanidades y la tecnología.
La urgente necesidad de una nueva gobernanza
Ante los desafíos que presenta la inteligencia artificial y otras innovaciones, es fundamental diseñar una nueva gobernanza para la propiedad intelectual que se base en la proporcionalidad, equidad y justa remuneración. Esta debe armonizarse internacionalmente con principios éticos y promover el crecimiento social, defendiendo la creatividad como motor económico y fuente de nuevos empleos.
Además, se destaca la importancia de fomentar el acceso al conocimiento y el talento a través de políticas públicas que respeten la propiedad intelectual, evitando confundir valor, precio y aprecio. La propiedad intelectual no es un tema del pasado, sino un asunto clave del presente y futuro, donde la inteligencia artificial deberá integrarse sin socavar los principios básicos del derecho de creación.
“Tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego.” — Gustav Mahler
La propiedad intelectual, como derecho en constante evolución, se nutre de la tradición para avanzar hacia el futuro. Sus límites geográficos y conceptuales se encuentran en la creación continua, la tecnología, el talento en movimiento y un mapa mundial que protege y amplía estos derechos. Así, se mantiene firme la defensa permanente de la propiedad intelectual, al igual que el rayo que nunca cesa ni se agota.