La ciencia ha confirmado que el contacto con la naturaleza no solo nos hace “sentir bien”, sino que produce efectos consistentes y medibles en la salud. Las personas se recuperan más rápido del estrés al escuchar sonidos de la naturaleza, encontró un estudio de la Universidad de Lund, en Suecia.
Aspirar el perfume de flores frescas calma los nervios, tocar madera baja la presión arterial y contemplar la naturaleza estimula la actividad del cerebro. Salir al parque ya no es un pasatiempo: es una necesidad biológica con respaldo científico.
La obsesión por el rendimiento afecta el placer por el deporte