Noticia Juan Sebastián Ortega y la fuerza de una oportunidades el primer auxiliar judicial con discapacidad visual de la Corte Constitucional.Juan Sebastián Ortega es un ejemplo de superación Foto: Archivo particularLink José Manuel AcevedoDIRECTOR DE NOTICIAS RCN24.07.2026 21:11 Actualizado: 24.07.2026 21:11 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Hay historias que conmueven y hay otras, todavía más poderosas, que además recuerdan de lo que una sociedad es capaz cuando decide darle una oportunidad al talento. La de Juan Sebastián Ortega reúne las dos. Perdió la visión siendo apenas un niño, pero nunca la capacidad de imaginar un futuroSus padres, unas voluntarias de la Policía, una “mentira piadosa” de la presentadora ‘Malú’ Fernández, la generosidad de Arturo Calle y una cadena de maestros y amigos fueron tendiéndole puentes. Él hizo el resto: cruzarlos todos. Hoy es el primer auxiliar judicial con discapacidad visual de la Corte Constitucional. El resto es anécdota…Juan Sebastián, tienes 30 años y ya has logrado muchísimo. Devuélveme al comienzo: ¿cómo ocurre esa discapacidad visual?Nací en Cúcuta hace 30 años. Fui prematuro, de seis meses de gestación, y mi mamá tuvo preeclampsia durante el embarazo. En esa época había limitaciones de acceso a la atención sanitaria y en las incubadoras no se usaba la protección que hoy les ponen a los niños en los ojos. La luz me generó una retinopatía progresiva hasta los cuatro años. Ahí perdí la visión gradualmente. Después me hicieron un par de cirugías y, gracias a ellas, conservo un pequeño residuo visual.Dime, ¿cómo era ese niño que empezaba a “ver” el mundo de una manera distinta?Tuve una infancia bonita, rodeada de amor familiar y de valores. Gran parte de lo que, gracias a Dios, he conseguido se lo atribuyo a esos valores de casa. Mis papás siempre me inculcaron serle útil a la sociedad. Desde los cuatro o cinco años hablaba de derecho y de política. Me iba con la bandita presidencial al colegio cuando nos preguntaban qué queríamos ser en el futuro. Siempre tuve ese sueño de servir en lo público.Y tus padres estuvieron ahí en todo el proceso...Totalmente. Me acompañaron aprendiendo braille, en rehabilitación, orientación y movilidad en espacios abiertos. Sacrificaron muchísimo de su tiempo y se dedicaron básicamente a cuidarnos. Mi papá es policía retirado y mi mamá se dedicó al hogar.De hecho, hoy tu padre está aquí, acompañándote, como ha estado siempre.Sí, señor. Vino a acompañarme y yo estoy muy contento. Para mí es muy importante que siga ahí, firme, a mi lado.¿Cómo fue la relación con tus compañeros en el colegio?Hubo algunas manifestaciones, tal vez por desconocimiento, alguna crueldad incluso, aunque fuera involuntaria. Mi mamá me acompañaba mucho al colegio y me dio una fortaleza enorme. Ella lo sufrió mucho, pero no dejó que yo lo sufriera tanto. Me enseñó a afrontar esos retos.¿Cuál fue la primera discriminación que decidiste no aceptar en silencio?Más que un solo episodio, fue un cúmulo de cosas. Uno empieza atribuyéndose su lugar y buscando que, a través del respeto que uno mismo genera, esos lazos de respeto se establezcan. También intentábamos generar conciencia. Hacíamos dinámicas de vendarles los ojos a los compañeros para que sintieran, así fuera durante media hora, qué significaba vivir con una discapacidad. Eso benefició mucho al colegio y al centro de rehabilitación donde yo estaba.Terminas el colegio y decides estudiar Derecho en la Javeriana. ¿Cómo se vuelve posible ese sueño?Juan Sebastián Ortega recibió el apoyo del empresario Arturo Calle Foto:Archivo particular Había varias limitaciones, especialmente los recursos económicos. Tuve el apoyo de la Asociación de Obras Sociales de la Policía, que han sido otros ángeles. Las esposas de los generales y de los oficiales me hicieron exámenes de psicología y de coeficiente. Vieron que tenía un puntaje destacado y buscaron la forma de apoyarme.Terminas el colegio y decides estudiar Derecho en la Javeriana. ¿Cómo se vuelve posible ese sueño?Eso decían. Intentaron que estudiara en el Alberto Merani, pero en esa época no estaban dadas las condiciones para incluirme. Terminé en el Tecnológico del Sur, un colegio de monseñor Sebastián Bon. Allí hice mi bachillerato y luego participé en Café por un Futuro.Y ahí conoces a Arturo Calle…Sí. Imagínate (risas)… María Lucía Fernández estaba presentando el evento y me dijo: “Voy a decir una mentira piadosa. Usted no diga nada. Voy a contar que me pidió ayuda para conseguir un patrocinador para la universidad”. El primero que llegó fue don Arturo Calle. Se subió con un entusiasmo impresionante y me dijo: “Yo lo voy a apoyar. Soy amigo del rector de la Javeriana y me voy a hacer cargo de que usted pueda estudiar”.¿Y cumplió?Cumplió totalmente. Además, ocupé el segundo lugar en el Icfes a nivel nacional en 2011 y eso me permitió tener media beca en la Javeriana. Con eso y el apoyo de don Arturo pude estudiar. También hice mis primeros pinitos profesionales en la Dirección Jurídica de la universidad.¿Y cumplió?Fue un proceso de aprendizaje conjunto. En macro y microeconomía los profesores me preguntaban cómo explicarme las gráficas. Yo les decía qué necesitaba entender y entre todos construíamos las estrategias. Lo primero era la voluntad de hacerlo, la voluntad de la inclusión. Las técnicas se van encontrando.¿Y cómo resolvías tanta lectura?Con ‘JAWS’, un sistema que lee la pantalla del computador. También existe ConVerTIC, un software que MinTIC licencia gratuitamente para personas con discapacidad visual. En ese momento logramos instalarlo incluso en todos los computadores de la Biblioteca Central.¿Seguiste hablando con don Arturo Calle?Claro. Su apoyo no fue solamente económico, sino también desde el ejemplo. Siempre me decía: “Yo lo apoyo, pero usted tiene que retribuirle a la sociedad. Busque cómo servirle a los demás”. Él y doña Sofía estuvieron en mi grado. Es una gratitud imperecedera.Después de la Javeriana vino otro reto: irte solo a vivir a Washington.Sí. Ganamos un concurso internacional de derechos humanos y el premio era una pasantía remunerada en la OEA. Yo nunca había salido del país, salvo a la Venezuela fronteriza. Fue un reto tremendo para mí y para mi familia. Mi mamá me pedía que la llamara dos veces al día. Pero también entendimos que apostar por la autonomía era fundamental.¿Qué hiciste en la OEA?Trabajé con casos reales de derechos humanos. Tuve la oportunidad de hacer informes de fondo para la Comisión Interamericana en casos de Ecuador y México. Fue una experiencia que me cambió la vida.Y después pasaste al BID…Sí. Me inscribí en su programa de pasantías, hice la entrevista y quedé. En el BID trabajé en relaciones laborales y en la sistematización de estándares del tribunal interno. También pude impulsar temas de discapacidad, que siempre han sido una causa motora para mí.¿Qué lograron concretamente?Como primera persona con discapacidad visual en el BID, ayudamos a implementar la señalética, adecuar espacios físicos y generar una cultura de sensibilización entre los funcionarios. Hicimos incluso talleres de braille. El año pasado volví a Washington y me contaron que las señales que pusimos todavía siguen allí. Desde entonces también han buscado incluir personas con discapacidad en sus cohortes de pasantes.Has sido pionero en muchos escenarios y hoy también lo eres en la Corte Constitucional. ¿Cómo llegaste allí?Yo venía trabajando en el Congreso con Gabriel Santos y Julia Miranda. También fui candidato a la Cámara y fuimos pioneros al ser la primera candidatura de una persona con discapacidad visual al Congreso. Siempre me ha gustado la política porque es un gran campo para servirle a la sociedad. Como decía Adenauer, la profesión de todo ciudadano a tiempo parcial debería ser la política.¿Y cómo aparece la Corte?Cuando terminó esa etapa con Julia Miranda, recordé a mi profesor Miguel Polo, hoy magistrado de la Corte Constitucional. Lo tuve en el pregrado y en la maestría en Derecho Constitucional. Lo admiro profundamente por su capacidad y su conocimiento de la jurisprudencia. Lo llamé, me recibió esa misma semana en el Palacio de Justicia y le dije que quería trabajar en constitucional. Me respondió que en ese momento no tenía posibilidades, pero que apenas se abriera un espacio me avisaba. Un mes después me llamó y hoy integro su equipo.¿Qué significa ser el primer auxiliar judicial con discapacidad visual en la Corte Constitucional?Es un honor y una responsabilidad. La digitalización de los expedientes, que avanzó mucho después de la pandemia, permite que hoy pueda trabajar con normalidad. Desde sistemas estuvieron atentos a cualquier incidencia, instalamos JAWS y adecuamos el espacio físico. Pero lo más importante es que esto no se quede en una historia individual.¿Por qué lo dices?Porque el hecho de que una persona con discapacidad esté en una alta corte habla de una Colombia mejor. No significa que ya hayamos superado las barreras estructurales, pero sí es un indicio importante. Conozco personas con discapacidad enormemente calificadas, disciplinadas y con vocación. A veces lo único que les hace falta es una oportunidad.¿Qué les dices a quienes oyen tu historia y piensan que eres uno entre un millón?Que ojalá no se quede como una historia individual. Quisiera que sirviera para ajustar al alza las expectativas profesionales y vitales de otras personas con discapacidad. La inclusión no depende solamente de ellas: nos compete a todos.¿Dónde veremos a Juan Sebastián Ortega en diez o veinte años?Donde Dios quiera ponerme a prestarles un servicio a los demás. Siempre me ha movido la posibilidad de dejar una huella, hacer algo por otras personas y dejar el mundo un poquito mejor. Como decía John Maxwell, no es la posición la que hace al líder, sino el líder quien hace la posición. Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. 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