El mayor ataque ucraniano con drones contra Moscú desde el inicio de la invasión rusa incendió una refinería, obligó a cancelar o retrasar más de 520 vuelos y provocó una nueva amenaza para el Kremlin. El bombardeo se produjo apenas unos días después del cierre de la cumbre del G7, en la que los líderes occidentales acordaron incrementar la presión sobre Rusia para poner fin al conflicto, que ya supera los cuatro años.
Si Ucrania arde, Moscú también arderá. Es importante que el pueblo ruso empiece a sentir que es Vladimir Putin quien los ha metido en esta guerra, mientras que el ciudadano de a pie paga el precio.
Así lo afirmó el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, después del ataque. En un mensaje a la prensa, señaló la importancia de que los ciudadanos rusos comprendan las consecuencias directas del conflicto en su territorio.
Un desafío a la estrategia occidental
La ofensiva más grande contra Moscú en dos años pone a prueba la estrategia occidental para presionar al Kremlin. Mientras los líderes del G7 refuerzan las sanciones y el apoyo militar a Ucrania, Kiev busca escalar la presión sobre el corazón político y económico de Rusia.
- Incendio en una refinería clave para el suministro energético ruso.
- Cancelación o retraso de más de 520 vuelos en aeropuertos de Moscú.
- Aumento de la tensión en la población civil rusa, objetivo estratégico de Zelenski.
El ataque se produce en un contexto de cuatro años de conflicto, donde Ucrania busca cambiar la dinámica de la guerra y demostrar que puede golpear objetivos estratégicos dentro del territorio ruso, más allá del frente de batalla.