En los últimos años, diversas producciones culturales como documentales, novelas y ensayos han puesto el foco en la manocultura, un fenómeno que articula discursos misóginos, conspiranoicos y reaccionarios sobre la masculinidad contemporánea. Estas obras reflejan las inquietudes y la radicalización de jóvenes que rechazan las políticas progresistas y se sienten atraídos por ideales neoliberales de disciplina y eficiencia técnica.
Un escenario complejo y fragmentado
El perfil del consumidor de manocultura es diverso y difícil de encasillar. Desde los manfluencers que promueven valores tradicionales y criptomonedas hasta comunidades red pillers que mezclan conspiraciones y negacionismo social. También existen grupos aislacionistas que consumen contenidos misóginos y xenófobos, neorreaccionarios tecnológicos y aceleracionistas que buscan colapsar las instituciones democráticas.
Estos grupos comparten creencias en teorías como el Gran Reemplazo y culpan a feministas, migrantes o judíos de los problemas actuales, configurando un panorama ideológico fragmentado y caótico.
El refugio simbólico en tiempos de incertidumbre
El ensayista Luis Ignacio García sostiene que la expansión de la manosfera no se debe a una ideología misógina coherente, sino que funciona como un refugio afectivo para jóvenes que enfrentan el desamparo provocado por décadas de neoliberalismo y la descomposición de marcos tradicionales familiares, escolares y de género.
“El problema no son los criptobros como tales, sino el descampado subjetivo que dejaron décadas de neoliberalismo.” – Luis Ignacio García
Juventud, radicalización y medios digitales
Estudios recientes alertan sobre el aumento del apoyo a la extrema derecha entre jóvenes hombres europeos, superando el 21%. La politóloga Alicia Valdés explica que la cultura apocalíptica y distópica promovida en plataformas digitales contribuye a esta radicalización, generando una visión del mundo marcada por antagonismos de género y escepticismo hacia el Estado del Bienestar.
Valdés y otros expertos coinciden en que esta generación no es la más machista ni de derechas de la historia, sino que enfrenta una “condena ontológica” producto de la policrisis actual, donde las certezas sobre el mundo y el conocimiento se han erosionado.
Deconstruyendo al ‘criptobro’ y el neorreaccionario digital
Autores como Carla Nyman y la cineasta Gala Hernández López han explorado sin prejuicios la vida y emociones de jóvenes inmersos en la cultura incel y financiera digital. Nyman señala que estos jóvenes buscan una falsa omnipotencia para enfrentar su vulnerabilidad, mientras Hernández destaca la necesidad de comprender sus realidades en lugar de subestimarlos.
“Lo fácil sería mirarles por encima del hombro y pensar que son idiotas, pero tenemos más puntos en común de lo que creemos.” – Gala Hernández López
Ambas coinciden en que la izquierda debe retomar el enfoque en las condiciones materiales de vida y trabajo, alejándose de la competencia por la corrección política y la representación, para abordar las raíces del malestar juvenil que alimenta la manocultura.
El impacto cultural y social de la manocultura
El fenómeno de la manocultura, potenciado por redes sociales y plataformas digitales, refleja una crisis profunda en la identidad masculina y los discursos políticos contemporáneos. Su estudio es clave para comprender los desafíos sociales y culturales que enfrentan las nuevas generaciones, especialmente en un contexto de rápidas transformaciones y polarización.