En una escena familiar marcada por la cotidianidad y la tradición, Manuel Vicent recuerda cómo su padre leía la Biblia con seriedad mientras su madre y la criada realizaban labores domésticas. Este contraste entre la vida diaria y la lectura de un texto sagrado introduce una reflexión profunda sobre el contenido del Antiguo Testamento.
El Antiguo Testamento, según Vicent, está lleno de personajes oscuros y relatos de crímenes y tropelías, como las historias de Lot y sus hijas, el rey David y Betsabé, o las órdenes divinas de violencia tras las victorias militares. Estas narraciones resultaban difíciles de reconciliar con la imagen de un Dios justo y un padre recto.
La sorpresa mayor llegó cuando el autor descubrió que su padre abandonó la lectura al llegar al 'Cantar de los Cantares', un texto que describe una sensualidad intensa y poética. Esta revelación evidenció la complejidad y las contradicciones presentes en la Biblia, que mezclan violencia y ternura, ley y pasión.
“No comprendía que siendo mi padre tan recto, serio y adusto no se escandalizara ante un Dios tan feroz y ahíto de sangre.”
La reflexión de Vicent no solo revela un cambio generacional y social en la década de los cincuenta, sino también invita a cuestionar las interpretaciones tradicionales de la Biblia y su influencia en la moral y la cultura familiar.