La guerra campal que se vivió la semana pasada en Silvia entre miembros de las comunidades misak y nasa, que hasta ahora se salda con siete muertos y más de 60 personas heridas, agrava aún más la situación de violencia que padece el Cauca, pero no sorprende.
El polvorín que nadie desactivó
Tanto la ANT como el Ministerio del Interior conocían el polvorín que se estaba gestando, pero no lograron evitar la explosión de la violencia. Las autoridades están investigando la posible infiltración de grupos armados en esa pelea por tierras en las veredas La Ensillada, Pitayó, Punto Verde y Pillotó, que unos y otros reclaman como territorios ancestrales.
Autonomía desbordada: el riesgo de la fuerza
Es necesaria una reflexión profunda de las mismas comunidades sobre los riesgos que implica el desbordamiento de ese concepto de autonomía. Lo que hay de fondo en esta nueva crisis de orden público es, desafortunadamente, una idea que lleva años creciendo entre algunas comunidades indígenas: que las posiciones de fuerza, cuando no la violencia pura y dura, valen para imponer los propios intereses, sin importar derechos o razones de los otros.
Las posiciones de fuerza, cuando no la violencia pura y dura, valen para imponer los propios intereses, sin importar derechos o razones de los otros.
El análisis de Jhon Torres subraya que este conflicto no es un hecho aislado, sino la consecuencia de años de tensiones no resueltas y de una institucionalidad que no ha logrado mediar eficazmente.