El Hamburg Ballet presenta en el Teatro Liceo un montaje que recorre la vida y obra de Vaslav Nijinsky, una de las figuras más emblemáticas y controvertidas de la danza clásica. La producción, que cuenta con medio centenar de bailarines en escena, combina la destreza técnica con una narrativa que profundiza en la mente y emociones del artista.
Nijinsky, nacido en Kiev en 1889, fue un bailarín prodigioso y un símbolo del ballet ruso bajo la dirección de Serguéi Diághilev. Su nombre evoca la imagen de un salto sublime y una presencia escénica inigualable, aunque también estuvo marcado por episodios de locura y conflictos personales, como la ruptura con Diághilev tras casarse con Romola de Pulzy.
La agonía creativa y la locura en escena
El espectáculo inicia con la recreación de la última actuación pública de Nijinsky en 1919 en Saint-Moritz, donde ya afectado por su enfermedad mental, ofreció una danza que simbolizaba la guerra y el sufrimiento. A través de coreografías intensas y evocadoras, se representa su descenso a la locura y la lucha interna que padeció durante años.
El ballet también aborda episodios clave de su vida, como la gira sudamericana de 1913 en el transatlántico SS Avon, donde se enamoró de Romola, desencadenando tensiones con Diághilev. La escenografía y la interpretación logran transportar al público a estos momentos cruciales, mezclando dramatismo y sensualidad.
Un homenaje a la técnica y el legado de Nijinsky
Aleix Martínez, en el papel de Nijinsky, despliega una técnica brillante, aunque algunos críticos destacan una cierta frialdad emocional en la interpretación. Los personajes que Nijinsky encarnó en su carrera —desde el arlequín hasta el fauno— cobran vida en el escenario, acompañados por figuras históricas como Romola, Diághilev y su familia.
El montaje no solo celebra la maestría del bailarín, sino que también refleja su compleja personalidad, sus obsesiones y la tragedia de su enfermedad mental, posiblemente esquizofrenia o psicosis, que marcó sus últimos años.
El cuidado y la devoción en la sombra
La figura de Romola, interpretada magistralmente por Ida Praetorius, destaca en la función como la cuidadora incansable que acompañó a Nijinsky durante sus momentos más oscuros, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Su papel es un símbolo de amor y sacrificio frente a la adversidad.
La puesta en escena combina elementos visuales que remiten a la época, con un diseño que recuerda a escenarios como los de Pina Bausch o el Overlook Hotel de El Resplandor, aportando una atmósfera única que envuelve al espectador.
“Ningún bailarín contemporáneo puede igualar los papeles en los que brilló Nijinsky”, señaló Mijaíl Baryshnikov, reconociendo el salto inigualable del legendario artista.
Este reencuentro con Nijinsky en el Liceo es una experiencia emocionante que invita a soñar con la inmortalidad del arte y la eterna búsqueda de la perfección en la danza clásica.