Tras años de búsqueda de una característica común del autismo en el cerebro, un equipo internacional de investigadores reportó la identificación de al menos dos subtipos predominantes del trastorno del espectro autista (TEA), diferenciados por la forma en que se conectan distintas regiones cerebrales.
Según un estudio publicado en la revista 'Nature Neuroscience', los científicos encontraron que algunas personas con autismo presentan hiperconectividad cerebral, es decir, conexiones más fuertes de lo habitual entre regiones del cerebro, mientras que otras muestran hipoconectividad, caracterizada por conexiones más débiles.
Un hallazgo que redefine el autismo
La investigación, liderada por científicos de varias instituciones internacionales, analizó imágenes cerebrales de cientos de participantes con y sin TEA. Los resultados muestran que estas diferencias en la conectividad no son aleatorias, sino que corresponden a dos subtipos biológicos claramente diferenciados.
Este descubrimiento es un paso crucial hacia una medicina de precisión para el autismo. Al identificar estos subtipos, podemos empezar a diseñar tratamientos que se ajusten a las necesidades específicas de cada persona.
Implicaciones para el futuro de los tratamientos
Los expertos señalan que esta diferenciación podría explicar por qué algunos tratamientos funcionan en ciertas personas con autismo y no en otras. Con estos subtipos biológicos, los médicos podrían personalizar las terapias, desde intervenciones conductuales hasta fármacos, según el perfil de conectividad cerebral del paciente.
- Hiperconectividad: conexiones más fuertes entre regiones cerebrales, asociada a ciertos patrones de comportamiento.
- Hipoconectividad: conexiones más débiles, vinculada a otros síntomas del espectro autista.
- El estudio abre la puerta a biomarcadores que permitan un diagnóstico más preciso y temprano.
El equipo investigador planea ahora validar estos hallazgos en muestras más grandes y diversas, y explorar cómo estos subtipos se relacionan con factores genéticos y ambientales. Mientras tanto, la comunidad científica celebra el avance como un hito en la comprensión del autismo.