Cultura

El cineasta vallecaucano que diseña futuros: la lucha por mantener la esencia humana en la era del algoritmo y la inteligencia artificial

El cineasta colombiano Fernando Hurtado se caracteriza por su versatilidad y empleo de tecnologías para crear nuevas narrativas alrededor de lo audiovisual.

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Foto: La voz del país

‘Un afiche es un grito en la pared’. Fue la frase, filosofía de vida y combustible creativo que durante décadas vibró en la mente de Fernando Hurtado y lo llevó a crear los afiches de algunas producciones del cine colombiano.

Es potencia visual, concreción de la idea, armonía y consecuencia con la historia que se está contando

Detalla Hurtado sobre el concepto de este tipo de creaciones, mientras mira con algo de nostalgia y de reojo el afiche de la película Los colores de la montaña (Carlos César Arbeláez, 2011), su primera obra, que hoy en día reposa en la pared que da hacia el balcón del apartamento donde reside, en Sabaneta (Antioquia), en esa pequeña Manhattan de edificios que tratan de abrirse paso entre la naturaleza como un ‘Transformers’ de cemento y ‘modernidad’.

Más allá de la nostalgia y el recuerdo

Se moviliza en su silla de trabajo, rumbo a su mesa, donde están su computador, libros, equipos de diseño y apuntes con letra casi de receta médica, con los que decide sumergirse en elementos como la inteligencia artificial (IA) para crear mundos afrofuturistas que divagan entre lo real y lo surreal y que dan como resultado pequeñas historias con identidad propia; una visión más viva y evolucionada de los tradicionales afiches, que contienen un amplio trasegar en el mundo del cine colombiano.

Su próximo reto es una experiencia audiovisual de mayor duración con el bagaje y elementos característicos de una producción cinematográfica.

Sus producciones audiovisuales, que también muestran aspectos que van desde momentos históricos poco contados hasta representaciones de icónicas de festividades como el Carnaval de Barranquilla o el Petronio Álvarez, son el reflejo de una evolución en una época de transición y pensamiento de la producción audiovisual.

De Buenaventura a Medellín: una vida de transformaciones

Cuenta que, al igual que el nombre del barrio, La Transformación, de su natal Buenaventura, su vida ha sido de constantes cambios y transformaciones. Aunque gran parte de su niñez transcurrió en el puerto sobre el Pacífico vallecaucano, fue en Cali donde cursó su bachillerato con énfasis en comercial y luego quedó en la Universidad Nacional, en la carrera de Ingeniería de Minas y Metalurgia, por lo que, con pocos recursos y una maleta llena de ilusiones, dio el salto a Medellín.

Sin embargo, con el tiempo logró darse cuenta de que las ciencias exactas, el cálculo y estudiar la vida de los hidrocarburos no terminó siendo lo que realmente quería. Fue entonces cuando decidió dejar la carrera para sumergirse en el mundo de la fotografía; un nuevo comienzo desde cero, en una ciudad retadora, marcada por un regionalismo que se convertía en un desafío mucho más grande.

Armado con una cámara Nikon D5100, con algunas dificultades operativas, se le medía a captar imágenes que poco a poco fueron llamando la atención de algunos amigos y profesores universitarios conocidos. También era consciente de la rigurosidad y calidad de su material porque, más allá de hacer arte, había que sobrevivir.

El afiche que lo lanzó al estrellato

Cuando salió el proyecto del filme Los colores de la montaña, Hurtado logró acercarse a la asistencia de cámara y conocer detalles significativos de las grabaciones y toda la arquitectura de la película. Terminó la película y vio que no estaban contentos con la propuesta que les habían hecho algunas agencias. Así que hicieron unas convocatorias abiertas para el diseño del afiche, y aunque no tiene formación como diseñador gráfico como tal, decidió presentar una que les gustó muchísimo.

Ese logro no solo lo llevó a tener los reflectores encima, sino que también conllevó una carga pesada de retos y constantes propuestas para no terminar devorado por ‘el cuarto de hora’. Impulsado por ese logro, pudo hacer parte de la producción de Operación E, película franco-hispana dirigida por Miguel Courtois (2012), en la que, además de conocer el complejo día a día del rodaje como asistente de cámara, también se le midió a crear el afiche, en el que cautivó e inmortalizó la cinta para el cine colombiano.

Este mismo proceso lo aplicó para filmes como Buscando al animal (Dani Goggel, 2017) y El segundo entierro Alejandrino (Raúl Soto, 2021), documental para el que presentó varias propuestas hasta lograr el resultado requerido.

Más allá del afiche: la dirección audiovisual

Aunque no niega que crear afiches le resultaba desafiante, al igual que trabajar en la parte de cámara y fotografía de diferentes producciones, Hurtado se aventuró a dar el siguiente paso: trabajar en la dirección. Para ello, logró estudiar Comunicación Audiovisual en la Universidad de Antioquia, donde también pudo conectar con otros talentos del medio y conocer nuevas narrativas. En ese proceso, empezó a conocer el ‘otro país’ del que pocos hablan, el mismo al que se viaja en avionetas y se accede en motocarro o en pequeñas barcazas.

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