En España, mientras miles de libros se publican sin lograr ventas significativas, y otros alcanzan fama mediática a través de la televisión y redes sociales, existe un grupo de escritores que representan la clase media literaria, un espacio intermedio entre el anonimato y el estrellato.
El autor, que no participa en eventos como Sant Jordi debido a la presencia abrumadora de superventas y creadores de contenido digital, refleja cómo para muchos escritores con ventas modestas, la escritura es una labor solitaria que se sostiene gracias a otros trabajos estables.
La experiencia en ferias y firmas
Las ferias del libro y las firmas son escenarios donde la clase media literaria se enfrenta a desafíos como la poca asistencia y la falta de promoción. El autor recuerda momentos donde ni siquiera un cartel o megafonía anunciaban su presencia, y cómo el apoyo de libreros y pequeños gestos, como ofrecer cerveza o halagos, se convierten en un consuelo valioso.
También relata la experiencia de compartir espacio con autores superventas, donde las colas para firmar libros no se forman para él, y cómo, a veces, es confundido con librero, lo que obliga a adoptar un papel práctico para atender a los visitantes.
Un reconocimiento inesperado
En medio de la multitud en una feria, el encuentro con Carolina Adriana Herrera, una figura reconocida, se convierte en un momento memorable que simboliza la conexión entre la clase media literaria y las esferas más altas, literarias o no.
A pesar de no formar parte de los eventos más mediáticos, el autor mantiene la esperanza de seguir participando en ferias y encuentros, valorando el halago y la atención de los lectores como una recompensa significativa.
En la clase media literaria española somos fáciles de contentar. El halago de un extraño es una moneda valiosa para nosotros.