Hay momentos en la carrera de un futbolista en los que el talento deja de ser suficiente. Ahí empieza el verdadero liderazgo. Y quizás, James Rodríguez, este Mundial sea exactamente ese momento para usted.
Nadie puede discutir lo que usted ha significado para la Selección Colombia. Nadie puede borrar las noches en las que su zurda puso a soñar a un país entero, ni la manera en que hizo que millones de colombianos volvieran a creer que competir contra cualquiera era posible. Usted ya hizo historia. Ya se ganó un lugar eterno en la memoria de este país. Pero los mundiales, como la vida, no viven de la nostalgia.
El verdadero liderazgo no es brillar, es servir
Esta vez Colombia necesita más que el James talentoso. Más que el capitán que aparece en las fotos o el futbolista que se enoja cuando pierde. Esta vez necesita al hombre dispuesto a ponerse completamente al servicio del equipo. Ese, James, es el verdadero liderazgo.
Porque ser líder no siempre significa ser el que más brilla. A veces significa ser el primero en sacrificarse. El primero en correr cuando las piernas pesan. El primero en sostener emocionalmente a un grupo cuando llegan los momentos difíciles. El primero en entender que hay partidos que no se ganan con magia, sino con carácter. Y usted, por supuesto, también lo sabe.
Lo que este torneo le va a exigir
- Mentalidad fuerte para enfrentar las críticas.
- Capacidad física para sostener el ritmo de una competencia corta y feroz.
- Sacrificio para asumir roles incómodos si el partido lo necesita.
- Humildad para entender que el liderazgo también se construye escuchando, acompañando y empujando a otros a crecer.
Usted puede hacer brillar a Luis Díaz, que este sea el torneo para entregarle completamente la batuta al guajiro.
Una generación entera lo mira
Hay una generación entera mirando hacia usted. Los que creen ciegamente y los que dejaron de creer hace tiempo. Los que todavía se emocionan cuando usted toma la pelota y los que esperan, seguramente, una nueva decepción, pero todos, absolutamente todos, pendientes de lo que usted haga en la cancha.
Este Mundial no necesita un héroe perfecto y usted tampoco está en la obligación de serlo. Lo que sí se le puede pedir es que sea un líder generoso. Uno que entienda que ponerse la camiseta amarilla implica algo más profundo que jugar bien: implica representar emocionalmente a un país entero.
Por eso el llamado no es desde la exigencia amarga, sino desde el respeto. Desde la memoria, desde la ilusión de pensar que todavía le queda una última gran historia por escribir con la Selección Colombia.
Colombia no necesita que cargue solo con el equipo. Necesita que vuelva a caminar detrás de él.
Pdta. Ante la sorpresiva salida del editor de este espacio, Gabriel Meluk, también finaliza mi columna, como muestra de respeto y gratitud a la persona que me dio la opción de escribir nuevamente en este diario.