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Mientras todos huyen de la guerra, Catalina Gómez Ángel corre hacia ella: reconocimiento a una vida entre bombardeos y tensiones de Medio Oriente

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Foto: La voz del país

Noticia Mientras todos huyen de la guerra, Catalina Gómez Ángel corre hacia ella: reconocimiento a una vida entre bombardeos y tensiones de Medio OrienteLa periodista pereirana recibirá, en el Festival Gabo, el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabo 2026, por su labor a lo largo de 20 años.Catalina Gómez Foto: CortesíaLink María Jimena Delgado DíazPERIODISTA23.07.2026 08:25 Actualizado: 23.07.2026 08:25 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles “Primero fue solo una corazonada; la desconexión de internet hacía imposible confirmar el temor de que Irán acababa de vivir dos noches terribles, tal vez las más terribles de su historia reciente, y que cientos de personas, si no miles, habían muerto en las calles”, así, Catalina Gómez Ángel empieza a contar, en la revista 5W, lo que se vivió el 10 de enero de 2026, cuando Irán se levantó contra su gobierno por catorceaba vez, en medio de la represión estatal, el internet bloqueado y la condena internacional ante la tensión con Estados Unidos.Cuando todo el mundo corre de bombas, invasiones y guerras, Catalina corre hacia ellas y lleva haciéndolo por casi dos décadas. Una de sus mejores habilidades es ser escurridiza entre una frontera y otra, lo que resulta muy útil al cubrir lo que pasa en Oriente Medio. Conoce la historia reciente de Siria, Líbano, Egipto, Afganistán, Turquía, Gaza, Nepal y Ucrania. Aun así, no se considera una periodista de guerra, aunque la llamen así, “realmente cubre una región del mundo que es conflictiva y, por eso, inevitablemente termino cubriendo lugares en guerra”, explíca la periodista.Sus notas periodísticas se han publicado en RCN, NTN24, Semana, La Vanguardia y Radio Francia Internacional, entre muchos otros medios. Ese trabajo, junto con su mirada profundamente humana sobre los territorios donde la humanidad parece escasear, le valió el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabo 2026, uno de los galardones más importantes del periodismo iberoamericano. Quien lo otorga, La Fundación Gabo, destacó su valentía, independencia y rigor narrativo al cubrir algunos de los conflictos más complejos del mundo contemporáneo desde una mirada latinoamericana que pone a las víctimas en el centro de la historia.Catalina Gómez Foto:Cortesía Cuando le anunciaron la entrega del premio, por videollamada, a Catalina se le entrecortó la voz y empezó a llorar. No es para menos. Aunque ese reconocimiento lo alza una de las voces más relevantes en temas medio orientales en español, en realidad, aplaude lo que hizo la pequeña Catalina que se involucró en lo que pasaba en Siria: “Empecé a cubrir ese conflicto desde el comienzo de la revolución, cuando empiezan los ataques del régimen de Bashar al-Assad y aparecen las primeras divisiones internas. Estuve allí desde muy temprano. La primera batalla que vi directamente en mi vida fue en 2012, creo que en mayo, en Houla (en Siria), donde ocurrió una de las primeras grandes matanzas en las cercanías de Homs. Después entré por la zona controlada por los rebeldes, por Alepo, luego por el territorio kurdo”, cuenta Catalina.En 2014 entra en escena el Estado Islámico, que toma el control de parte de Siria y de Irak. Ahí, se adentró aún más en las relaciones de ambos países. Entraba por Irak, también por Siria, y siguió ese conflicto hasta la liberación de las principales ciudades ocupadas por el Estado Islámico, especialmente Raqqa, en Siria, y Mosul, en Irak, que fue la última gran ciudad recuperada.“Eran guerras muy distintas entre sí. Por un lado estaba la guerra entre un régimen y la población, y contra los grupos rebeldes, con aviación y un ejército regular enfrentándose a quienes se le oponían. En otras zonas de Siria había múltiples grupos armados combatiendo entre sí: el llamado Ejército Libre Sirio, que después cambió de nombre, y luego el Estado Islámico, con dinámicas mucho más cercanas a una guerra de guerrillas o de insurgencia”, explíca. Por otro lado, en Irak la situación era diferente, porque había ejércitos apoyados por Estados Unidos, con una capacidad militar mucho mayor, enfrentándose al Estado Islámico.Cada guerra es muy diferente a la otra, aunque todas se vean como un baño de sangre. El punto en común de todos los conflictos armados recae en las mujeres y los niños, que son los que, según la periodista, cargan con el peor peso de la guerra, a pesar de que las guerras transforman a las personas, degradan las sociedades y cambian la forma en que vivimos. Pero también se repite la resiliencia. La manera en que la gente coopera, lucha por sobrevivir y encuentra formas de seguir adelante.Eso fue más palpable para Catalina cuando se adentró en Ucrania. Aunque desconocía el contexto que rodeaba el enfrentamiento contra Rusia a profundidad. “Obviamente sabía lo mismo que cualquier lector informado, pero no tenía experiencia en espacios postsoviéticos. Cuando ocurrió la revolución de 2014 yo estaba completamente inmersa en Siria e Irak. También estaba cubriendo la migración de los refugiados sirios hacia Europa. Entonces pensé: ‘Puedo cubrir la realidad sobre el terreno’. No hacer grandes análisis políticos o históricos, porque para eso existen otros periodistas especializados en el tema”, dice Catalina.Catalina Gómez recibiendo el Premio Internacional de Periodismo David Beriain en Artajona, España. Foto:Captura de video de la ceremonia Y poco a poco se fue metiendo en esa historia. Entendió que, desde Europa, Ucrania es visto como un país extremadamente corrupto, que apenas comenzó su camino como Estado independiente en 1991, tras la caída de la Unión Soviética, y más datos que le dieron otra perspectiva del asunto.“Me fui involucrando cada vez más, le fui tomando cariño a esa historia y me apasionó contarla. Además, sentía que era una oportunidad para ampliar mi espectro intelectual, para no limitarme únicamente a Oriente Medio, sino entender otros escenarios del mundo que también terminaban afectándonos. Y así, casi sin darme cuenta, ya llevo cerca de cuatro años cubriendo Ucrania”, cuenta.Allí llegó porque ya sabía cómo moverse, entrar a un país cerrado por el conflicto, cruzar fronteras, cómo preguntar y encontrar relatos entre sobrevivientes. Ella lo describe como un operativo policial, en el que se despliega una estrategia completa:se tocan puertas, buscan contactos, encuentran caminos por aquí y por allá hasta llegar al lugar donde está la historia. “Nunca es fácil, pero con los años uno va adquiriendo recursos para conseguirlo”, confiesa Gómez y agrega: “entrar a Irán nunca fue sencillo. Yo tengo residencia allí y, siendo mujer y periodista, soy muy afortunada porque somos muy pocas las que la tenemos. Cuando comenzó la guerra de los doce días el año pasado, y también en el conflicto más reciente, me encontraba regresando de Ucrania. Recuerdo que el 28 de febrero me estaba bajando de un tren en Polonia. Esa noche tenía un vuelo Cracovia-Estambul y luego Estambul-Teherán, pero ya no podía llegar porque el espacio aéreo estaba cerrado. Lo que hice fue viajar hasta Estambul, pasar la noche allí y, por experiencia, comprar inmediatamente un vuelo a Van, la ciudad turca más cercana a la frontera, porque esos vuelos se llenan muy rápido cuando estalla una guerra”.Sigue, cada vez más emocionada al recordar la adrenalina que viene con el oficio: “Dormí allí y, mientras tanto, ya me habían conseguido un conductor que me recogería en la frontera para entrar a Irán. Pero todo eso no tiene ninguna gracia. Es simplemente experiencia. Es como quien sabe hacer pan”.Pero esta pereirana, que todavía arrastra la S cuando habla en español, no siempre pareció tan temeraria: “Mi primer trabajo como periodista fue en la sección Internacional de El Tiempo. Ahí estuve unos meses y luego pasé a Vida de Hoy. Cubrí viajes durante un tiempo. Después llegué a Deportes porque yo era una gran aficionada al fútbol y en el periódico lo sabían. Hubo un cambio interno y entonces me llevaron a cubrir fútbol. Creo que durante un año cubrí a Santa Fe. Después dejé Deportes”.El estrecho de Ormuz, un importante paso marítimo que se ha vuelto clave en la guerra en Irán. Foto:Archivo EL TIEMPO / Agencias Se fue a España a estudiar dos maestrías: en Política internacional y Creación literaria, solo porque tenía enterrada la espinita de la literatura. Hasta hoy, esa pasión por los libros no ha desaparecido y la potencia con el Hay Festival. Primero dirigió un periódico que se publicaba todos los días durante el evento que se realiza en Cartagena; y ahora, hace pódcast, participa en conversaciones y ha convertido ese espacio en su hogar.Cuando volvió a Colombia, trabajó nuevamente en las redacciones de Semana, hasta que la frustración llegó. “No me gustaba mucho escribir sobre lo que otros contaban. Los que estamos sentados en una redacción, cuando cubrimos noticias internacionales, reconstruimos la realidad a partir de lo que nos dicen las agencias, otros periodistas que están sobre el terreno, los libros o los analistas. Pero muchas veces todo eso no está sesgado exactamente, sino que pasa por el filtro del país desde donde se escribe, de la cultura de ese lugar y del conocimiento que tenga el público para el que se está contando la historia”, dice Gómez Ángel.Lo único que le impedía volver a tomar un avión y embarcarse al otro lado del mundo fue la anorexia que tuvo. “Casi me muero viviendo en Madrid y tuve que volver porque necesitaba recuperarme. Fue un proceso muy difícil. Hubo un momento en el que era más fácil dejarse ir que vivir. Y cuento esto porque muchas veces se piensa que la anorexia es simplemente que alguien no quiere comer. No. Es una enfermedad muy grave que afecta todos los aspectos del cuerpo, pero sobre todo domina la cabeza”, cuenta.Aun así, la cabeza de Catalina seguía en que quería volver a Irán. “Era un país del que me había enamorado muchos años antes por su política, su cultura y su historia. Yo quería ser corresponsal en Oriente Medio. Quería vivir en Irán. Y un día simplemente dije: ‘Me voy’”, recuerda. El primer año viviendo allí fue la primera gran prueba. Ya Catalina había estudiado un poco de persa, también la política exterior iraní, leyó muchos libros y había visitado Irán como turista durante una semana sola. “Muchas veces estuve a punto de irme, pensé que no iba a resistirlo. Extrañaba muchísimo a mis amigos y el mundo en el que había vivido. Además, el Irán al que yo llegué era muy distinto al de hoy. Si querías divertirte, conocer gente o simplemente pasarla bien, tenías que acceder a esa vida privada, porque en la vida pública prácticamente no existían esos espacios”, dice Catalina.Protestas en Irán. Foto:AFP Y agrega: “Pero siempre tuve una pregunta que sigue acompañándome hasta hoy: ¿cuánto tiempo más podré quedarme? Estar aquí siempre ha sido algo prestado por muchísimas circunstancias. Por más que hayan pasado los años, cada vez que ocurre algo pienso: ‘Tal vez esta sea la última vez’”.Cuando sentía que se acomodaba, que el persa era lo suyo y que hablaba con más gente, empezaron a surgir otras oportunidades y eso la llevó hasta Líbano para solicitar una visa como periodista y no como estudiante.“En esa época la figura del periodista freelance era muy complicada en Irán. No la entendían. Además, yo era latinoamericana. Sí trabajaba y tenía una carta de Semana, pero aun así todo era muy difícil. De alguna manera me ayudó el contexto político. En ese momento Irán buscaba acercarse a América Latina, especialmente a Venezuela. Era la época de Ahmadinejad (expresidente de Irán). Aunque Colombia no hacía parte del bloque de países cercanos a Irán, para las autoridades todos parecíamos más o menos del mismo costal. Duré mucho tiempo sin lograr una residencia estable. Me hacían salir al Líbano, volver a entrar a Irán, me daban visas de dos meses, me sacaban otra vez y luego me dejaban regresar”, cuenta.Para detener el vaivén fue clara. Se acercó a las autoridades y con soltura les dijo: “Miren, ustedes quieren acercarse a América Latina y yo no veo aquí a ningún otro periodista latinoamericano intentando conocer este país y contarlo. O ustedes me dejan vivir aquí o me voy definitivamente y no vuelvo a intentarlo’. Al otro día me llamaron para decirme que tenía la residencia”.En ese momento Irán era un país estable dentro de su región. Tenía una enorme injerencia en lo que ocurría en otros conflictos y en otros países, pero dentro de sus fronteras no había guerra. El Líbano siempre ha tenido influencia a través de Hezbolá. Luego, en Irak. Cuando comienza la guerra en Siria, en 2012, estaban lo que ellos llamaban sus "asesores", y tuvieron un papel muy importante en el apoyo y el sostenimiento de Bashar al-Assad. Después, en Irak, especialmente cuando surge y se expande el Estado Islámico, llegando a controlar cerca del 30 % del territorio, Irán enviaba hombres y trabaja en conjunto con distintas milicias.Entonces, Irán participaba en todos esos escenarios, pero dentro del país, no pasaba nada. Era una vida normal, un país que funcionaba bien, con ciudades organizadas, donde no faltaba nada, con carreteras mucho mejores que las que tenemos en Colombia y una infraestructura que, a pesar de las sanciones y de muchos problemas de gestión, funcionaba regionalmente. “La guerra la empezamos a sentir realmente el año pasado, con la guerra de los doce días y con la que acaba de pasar”, revela Catalina.Collage Irán / Jamenei / protestas / ayatola Foto:Internacional Sin embargo, después de casi dos décadas recorriendo algunos de los lugares más peligrosos del planeta, Catalina no piensa en retirarse. Quiere seguir haciendo este trabajo, aunque tal vez no con la misma intensidad de ahora. Cada vez le interesan más los proyectos de largo aliento. El año pasado dirigió su primer documental, Detrás de la guerra, realizado con Caracol Televisión, sobre los colombianos que combaten en Ucrania. Fue, dice, una de las experiencias más difíciles de su carrera, pero también una de las más enriquecedoras.Por eso quiere seguir combinando ambos tipos de periodismo: el de la urgencia y el de la memoria. Y, después de tanto tiempo corriendo hacia los lugares de donde todos los demás huyen, sonríe y remata con una frase que resume toda una vida de oficio: "Ojalá me muera haciendo esto".María Jimena Delgado DíazPeriodista Cultural@Mariajimena_delgadod Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. 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