Jesús Rueda, compositor madrileño de 64 años, ha estrenado recientemente su 'Concierto para piano nº 3', una obra que no responde a encargos, sino a un impulso creativo personal. La pianista Noelia Rodiles, quien ya había interpretado obras anteriores del compositor, asumió el reto técnico que representa esta partitura, considerada exigente y exploratoria de los límites del instrumento.
El concierto, estructurado en tres movimientos clásicos y subtitulado 'Rivers in Winter', hace referencia al tono melancólico de las coplas de Jorge Manrique. Esta obra fue estrenada en Bratislava con la Filarmónica Eslovaca bajo la dirección del maestro Daniel Raiskin, y se presentará en el Auditorio Nacional de Madrid dentro de la temporada de Ibermúsica.
“Noelia tiene una capacidad asombrosa para resolver con agilidad y ligereza los pasajes más enrevesados. Sus manos van más rápido que la propia música”, celebra Jesús Rueda.
Desde sus inicios, Rueda ha combinado diversas influencias, desde la literatura hasta la ciencia, pasando por la arquitectura y la antropología. Su formación y experiencias han moldeado una visión musical que evita repetir fórmulas, apostando por la duda, el error y la contradicción como motores creativos.
Aunque la tecnología y la inteligencia artificial pueden ofrecer interpretaciones matemáticas de la música, Rueda rechaza la idea de reducir el arte a ecuaciones. Reconoce que hay aspectos de la creación que escapan a toda explicación racional y que la música debe conservar su misterio.
Tras un período de silencio creativo que duró siete años, el compositor retomó la composición con renovado impulso gracias a encargos de amigos, lo que le llevó a producir una prolífica cantidad de sonatas, cuartetos y sinfonías. Actualmente, trabaja en una nueva sinfonía y mantiene la aspiración de estrenar una ópera de gran formato.
“No creo en la progresión del estilo, sino en la constancia a través de la duda, el error y la contradicción permanente”, afirma Rueda.
Jesús Rueda se define como un 'adicto a la rutina' y encuentra inspiración en sus paseos por el centro de Madrid y en la tranquilidad del campo, donde se refugia para conectar con diversas tradiciones musicales y desarrollar su obra.