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Junior es bicampeón: el Tiburón se impone a Nacional y conquista su estrella 12

Junior de Barranquilla se coronó bicampeón del fútbol colombiano al vencer a Atlético Nacional en la final, sumando su estrella 12. El equipo rojiblanco defendió la ventaja de 3-0 de la ida y se impuso en Medellín con inteligencia y carácter.

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Foto: La voz del país

Un título forjado con inteligencia y carácter

Junior llegó a Medellín con alma de campeón y corazón de bicampeón. No se dejó arrebatar la gloria. Su ventaja de tres goles fue tan grande como todo el Atlántico. No le importó la furia local, se hizo sordo a los bramidos antioqueños. No se amilanó ni ante el gol del 1-0 que fue el primero y el único del juego de vuelta, ni ante la lluvia de proyectiles que cayeron en los tiros de esquina. Si el Atanasio Girardot ardía, Junior jugó con la tranquilidad del que es hijo de la Barranquilla ardiente y triunfadora.

El juego táctico que silenció a la montaña

El juego de Junior fue inteligente. Sin esperar mucho en su territorio y sin arriesgar demasiado en el ajeno. Dejó que Nacional se adueñara del balón y de las ilusiones, para después arrebatarles hasta los suspiros, con un equipo de guerreros que ya había orquestado su victoria en el juego de ida.

Al minuto 30 las montañas antioqueñas se sacudieron brevemente, con un gol de Nacional, de Román, pero un fuera de lugar previo aplacó la felicidad del local: el gol vino y se fue. Después Nacional mandó dos remates al palo izquierdo del arquero Silveira. Ahí, Junior y todo su pueblo costeño se convencieron de que la estrella no se la arrebataban por nada.

El gol que despertó el drama y confirmó la corona

En el segundo tiempo Nacional quemó sus últimas esperanzas. Atacó como el que presiente que la desgracia lo acorrala. Sus goles acontecían solo en la imaginación. Y mientras tanto, los jugadores de Junior corrían como si llevaran un carnaval en las piernas.

Al minuto 56, por fin el partido hizo méritos para despertar el drama. Fue cuando Alfredo Morelos lanzó el centro y Edwin Cardona entró libre y punteó la pelota directo a la red. Este gol, celebrado con una euforia contenida, ya no tenía dudas, era real, era el primero. A Nacional le faltaban dos milagros para igualar la serie. De ahí en adelante, Junior, por primera vez, sintió algo de miedo, lo vio de cerca, sintió como si un huracán verde se le viniera encima. El equipo costeño flaqueó unos instantes, era el momento para que Nacional lo mandara a la lona.

Junior y todo su pueblo costeño se convencieron de que la estrella no se la arrebataban por nada.

La voz del país

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