Una orden judicial que sacude el Congreso
La Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia ordenó la conducción de la senadora Martha Peralta a indagatoria, en el marco del escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). La decisión de la magistrada Cristina Lombana se suma a un expediente que crece en su contra, donde la Fiscalía la ubica como una figura central en la presunta distribución de contratos para asegurar apoyos a la reforma pensional.
Los delitos que se le imputan
A la senadora del Pacto Histórico se le investiga por los delitos de tráfico de influencias y cohecho impropio. La Fiscalía detalló que, en junio de 2023, el entonces ministro del Interior, Luis Fernando Velasco, ordenó a Olmedo López, exdirector de la UNGRD, apoyar la reforma pensional. López asistió al debate en la Comisión Séptima del Senado y acordó con Peralta gestionar proyectos para congresistas de esa célula, entre ellos Berenice Bedoya.
“Peralta Epieyú le pidió atender a los congresistas de la coalición —inconformes por la escasa participación que, según dijeron, tenían dentro del Gobierno— y direccionar la contratación de la entidad a favor de esos parlamentarios”, señaló la fiscal del caso.
El rol de Peralta en la estrategia política
De acuerdo con la Fiscalía, la senadora Peralta era la “líder” de la estrategia política para asegurar los votos a la reforma pensional. En otros proyectos legislativos, ese rol se le atribuye al senador Julio Elías Chagüi Flórez (Partido de la U). Pese a los señalamientos, Peralta fue la candidata más votada en la circunscripción indígena al Senado, con 61.098 votos, concentrando una porción significativa en La Guajira, departamento donde se originó el escándalo de la UNGRD.
Un proceso que avanza
La congresista estaba bajo indagación desde mayo pasado y fue llamada a interrogatorio para dar su versión sobre el supuesto direccionamiento ilegal de contratos en la Comisión VII del Senado. La audiencia de imputación contra los exministros Luis Fernando Velasco y Ricardo Bonilla ya los señaló como los 'cerebros' del entramado, describiendo una “organización delincuencial” con una división del trabajo previamente pactada.