La tecnología molecular, accesible y de bajo costo, ha permitido detectar que el 47.42% de las muestras vendidas como corvina en mercados de Ecuador contienen carne de tiburón. Esta revelación surge de un estudio realizado en 2023 que aplica técnicas de PCR para amplificar fragmentos de ADN y así identificar con precisión las especies presentes en los productos pesqueros.
El muestreo se llevó a cabo en ciudades como Quito, Cuenca, Ibarra, Ambato, Manta y Guayaquil, encontrando resultados positivos principalmente en las primeras cuatro, donde el consumo de pescado es menos frecuente y dificulta la identificación por parte de los consumidores.
- Tiburón sedoso (Carcharhinus falciformis)
- Tiburón martillo liso (Sphyrna zygaena)
- Tiburón zorro pelágico (Alopias pelagicus)
- Tiburón azul (Prionace glauca)
Varias de estas especies están clasificadas como vulnerables por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y algunas, como el tiburón martillo liso, están completamente protegidas en Ecuador, prohibiendo su pesca y venta, incluso de manera incidental.
“Aunque existen regulaciones, la captura de especies totalmente protegidas es evidente. Es fundamental iniciar un diálogo para exigir mayor control y regulación en la venta de tiburones capturados incidentalmente.”
Los investigadores destacan la importancia de que los consumidores conozcan realmente qué están comprando y consumiendo. La trazabilidad, especialmente en países del Sur Global, es clave para regular el mercado y proteger especies marinas vulnerables.
“Herramientas simples como la PCR permiten realizar este tipo de análisis, contribuyendo a la conservación y regulación del mercado pesquero.”
Los expertos recomiendan que estas tecnologías se incorporen también en el sector público para fortalecer la vigilancia y conservación de la biodiversidad marina, además de fomentar la transparencia hacia los consumidores.
Este estudio representa un diagnóstico puntual, por lo que se propone ampliar el análisis a otras ciudades y periodos para evaluar la continuidad o variación de esta práctica de etiquetado erróneo, que afecta la sostenibilidad de al menos 40 especies de tiburón catalogadas como vulnerables en Ecuador.