La noche de este sábado en París fue un cóctel de emociones encontradas. Mientras miles de aficionados del PSG salían a las calles para celebrar la conquista de su segunda Liga de Campeones, la policía francesa comenzó a controlar a grupos de hinchas en los Campos Elíseos, epicentro de los festejos. Las autoridades habían implementado un dispositivo de seguridad reforzado para evitar los graves disturbios que han marcado celebraciones deportivas anteriores.
Un operativo sin precedentes
Las autoridades francesas desplegaron 22.000 policías y gendarmes en todo el país, de los cuales 8.000 se concentraron en París y su área metropolitana. A pesar de las medidas, ya se reportaron los primeros incidentes: una marquesina de autobús destrozada cerca de los Campos Elíseos, un policía herido y daños en una panadería y un restaurante. Varios medios franceses difundieron imágenes de cargas policiales y detenciones, aunque las cifras oficiales aún no se han dado a conocer.
El llamado a la moderación del capitán
Desde Budapest, donde se disputó la final, el capitán del PSG, el brasileño Marquinhos, pidió a los aficionados en sus primeras declaraciones a la televisión Canal+ que celebraran el título 'con moderación'. Sin embargo, la euforia se desbordó en las calles, con coches tocando la bocina, celebraciones en bares y restaurantes, y un ambiente de alegría generalizada en una noche de altas temperaturas.
El Parque de los Príncipes, el templo de la celebración
El estadio Parque de los Príncipes se convirtió en el punto de encuentro de los aficionados, con seis pantallas gigantes para seguir el partido. Al finalizar el encuentro, los cánticos se sucedían: '¡Campeones de Europa!', '¡Esto es París!', '¡Luis Enrique, Luis Enrique!', mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo de la capital francesa. La victoria se logró a 1.500 kilómetros de distancia, pero la fiesta se sintió en cada rincón de la ciudad.