Si alguien pensaba que la estrategia del garrote del presidente Donald Trump contra el narcotráfico –las lanchas de los narcos bombardeadas sin aviso en altamar– había quedado relegada tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero pasado, queda notificado de su error por la impresionante explosión grabada perfectamente en video aéreo en el estado minero de Bolívar, suroccidente de Venezuela.
Un capo que cayó desde el cielo
El martes pasado, sin que siquiera viera venir la muerte que le cayó desde el cielo, terminó la ruta criminal de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, el ‘Niño Guerrero’, que desde la cárcel de Tocorón y gracias a las alianzas y los millonarios negocios criminales con el régimen de Miraflores convirtió a una violenta pero limitada banda de delincuencia común del estado industrial de Aragua en una amenaza para la seguridad de todo el hemisferio.
Ojalá Colombia aproveche el momento y la sinergia que tienen hoy a EE. UU. ocupándose directamente de los criminales que tanta sangre nos han costado.
El análisis de Jhon Torres subraya que la muerte del 'Niño Guerrero' no solo es un golpe al Tren de Aragua, sino una señal de que la cooperación internacional contra el crimen organizado puede dar resultados contundentes, siempre que se mantenga la presión y la coordinación entre países.
El impacto en la región
La operación, ejecutada con precisión quirúrgica, deja en evidencia la capacidad de inteligencia y ataque de las fuerzas estadounidenses en territorio venezolano, un hecho que podría redefinir las relaciones de seguridad en América Latina. Para Colombia, el mensaje es claro: la lucha contra el narcotráfico no tiene fronteras, y el final de capos como el 'Niño Guerrero' es un paso hacia la estabilidad regional.