En medio de un panorama político convulsionado y de constantes embates contra el sector, el modelo de Asociaciones Público-Privadas (APP) no solo sobrevivió, sino que se consolidó como el pilar que evitó un retroceso de décadas en la infraestructura de transporte. Así lo sostiene Juan Martín Caicedo, expresidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), quien advierte que el verdadero desafío ahora es retomar el rumbo técnico perdido.
Un modelo que resistió a la tormenta
Caicedo señala que, pese a las escaramuzas antipeajes y a la falta de apoyo de los propios estamentos oficiales, el esquema de APP se mantuvo en pie durante la administración de Gustavo Petro. 'Sin este modelo, no hubiéramos superado el atraso de un siglo en materia de infraestructura', afirma, destacando que los últimos 30 años de avances en carreteras, puertos y aeropuertos se deben en gran medida a esta herramienta.
El costo de la inestabilidad: cuatro ministros en cuatro años
Sin embargo, el análisis no es complaciente. El experto critica la alta rotación en el Ministerio de Transporte —cuatro titulares en el cuatrienio— y la consecuente pérdida de rigor técnico en entidades clave como la ANI, el Invías y la Aerocivil. 'La improvisación y la falta de continuidad han generado incertidumbre en los proyectos y en los inversionistas', puntualiza.
Elsa Noguera: entre la continuidad y el cambio
En este contexto, la designación de Elsa Noguera como nueva ministra de Transporte representa una oportunidad para estabilizar el sector. Con una trayectoria reconocida en gestión pública y privada, Noguera enfrenta el reto de devolverle la confianza a los actores del sector y de impulsar una agenda que priorice la eficiencia y la transparencia.
El desafío no es solo mantener el modelo, sino mejorar su ejecución y recuperar la credibilidad perdida. La infraestructura es un motor de desarrollo que no puede seguir siendo rehén de la coyuntura política.
Un futuro que depende de decisiones presentes
Caicedo concluye que el país no puede darse el lujo de retroceder. La nueva ministra tiene la palabra para demostrar que la infraestructura sigue siendo una prioridad nacional, más allá de los vaivenes ideológicos. La mira está puesta en los próximos meses, cuando se definan los lineamientos que marcarán el rumbo del sector en el corto y mediano plazo.