Tras permanecer tres semanas encallada en la bahía de Wismar, en el mar Báltico, una ballena jorobada de más de 12 metros y cerca de 12 toneladas logró liberarse por sus propios medios gracias a un aumento en el nivel del agua.
Aunque el cetáceo ha recuperado cierta movilidad, nada con dificultad, cambia de dirección constantemente y necesita hacer pausas frecuentes, lo que indica que su estado sigue siendo delicado.
El ministro regional Till Backhaus destacó que, pese al alivio por su liberación parcial, el animal presenta signos de enfermedad y su condición continúa siendo crítica.
Antes de lograr liberarse, la ballena estuvo varada en dos ocasiones: primero en un banco de arena en la bahía de Lübeck y luego frente a la isla de Poel, donde permaneció atrapada hasta ahora.
Los equipos de rescate y voluntarios realizaron esfuerzos para mantener al cetáceo húmedo y protegido del sol, mientras se evaluaban estrategias para su rescate, incluyendo un plan para trasladarla a aguas más profundas con colchonetas de aire, que finalmente no se ejecutó.
Las autoridades habían dado por terminados los intentos de rescate el 1 de abril, pero la intervención de particulares reactivó los esfuerzos para acompañar y, si es posible, guiar a la ballena hacia mar abierto.
La evolución del cetáceo sigue bajo estrecha vigilancia, ya que su supervivencia no está asegurada y su estado de salud sigue siendo motivo de preocupación para las autoridades ambientales.