Bogotá ha logrado avances importantes en la gestión de la calidad del aire durante los últimos años. Sin embargo, la contaminación atmosférica continúa siendo uno de los principales desafíos ambientales y de salud pública para la capital, especialmente en las localidades del suroccidente, donde miles de habitantes siguen expuestos a niveles más altos de contaminación que el resto de la ciudad.
Esa es una de las principales conclusiones del informe 'La gobernanza del aire y la efectividad de las políticas públicas en el Distrito Capital', elaborado por la Veeduría Distrital, que evaluó el comportamiento de la calidad del aire, el cumplimiento de las políticas públicas y la capacidad institucional para enfrentar este problema entre enero de 2024 y julio de 2025.
Avances institucionales, pero metas insuficientes
El estudio destaca que Bogotá ha fortalecido su estructura institucional con instrumentos como el Plan Aire Bogotá 2030, el Plan de Ordenamiento Territorial Bogotá Reverdece 2022-2035 y el Plan Distrital de Desarrollo Bogotá Camina Segura. No obstante, la Veeduría advierte que los avances son insuficientes frente a los estándares internacionales de protección de la salud.
Según el documento, Bogotá ocupó el puesto 116 entre las principales ciudades evaluadas por IQAir, con un Índice de Calidad del Aire clasificado como 'bueno'. Pero detrás de esa clasificación, las concentraciones de PM2.5 —partículas capaces de penetrar en los pulmones y el torrente sanguíneo— continúan superando ampliamente los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Desigualdad territorial en la exposición a contaminantes
Uno de los hallazgos más importantes es que la contaminación del aire en Bogotá no afecta a todos por igual. Existe una profunda desigualdad territorial: mientras sectores con mayor cobertura vegetal o menor presión vehicular, como Colina, Usaquén y CDAR, reportan las concentraciones más bajas, las estaciones de Carvajal-Sevillana, Kennedy, Móvil Fontibón, Tunal y Ciudad Bolívar aparecen recurrentemente entre los puntos con mayores niveles de material particulado.
- Las localidades del suroccidente concentran los principales riesgos ambientales.
- Factores como corredores de carga, industria y tráfico vehicular intenso explican las diferencias.
Fenómenos regionales agravan la situación
Además de las fuentes locales, el informe advierte que Bogotá se ve afectada por incendios forestales en la Amazonía y la Orinoquía, cuyos contaminantes son transportados por los vientos hasta la capital, generando episodios de deterioro atmosférico.
Acciones implementadas y desafíos pendientes
La Veeduría destaca avances como el fortalecimiento de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire, los sistemas de alertas tempranas, las Zonas Urbanas por un Mejor Aire (ZUMA) y la renovación de la flota de transporte público con tecnologías más limpias. También resalta la incorporación de la calidad del aire en el Plan de Ordenamiento Territorial.
Sin embargo, persisten obstáculos: lenta renovación del parque automotor, dificultades para ampliar tecnologías limpias, limitaciones en el control de fuentes fijas y móviles, y la necesidad de fortalecer la gobernanza interinstitucional.
La gestión de la calidad del aire no depende exclusivamente de medidas técnicas o regulatorias, sino también de la capacidad de involucrar a la ciudadanía, la academia, el sector privado y las autoridades en la construcción de soluciones conjuntas.
Recomendaciones para cerrar brechas
La Veeduría recomienda mejorar la coordinación interinstitucional, fortalecer los espacios de participación ciudadana y garantizar mayor transparencia en la información ambiental. Concluye que Bogotá cuenta con una base normativa sólida, pero alcanzar las metas exigirá esfuerzos sostenidos y reducir las brechas territoriales que hoy hacen que algunos habitantes respiren un aire significativamente más contaminado que otros.