Cada vez que un sismo se siente en Bogotá ocurre la misma escena: evacuaciones, llamadas y preocupación. Horas después, la ciudad vuelve a la rutina. El problema es que la preparación no puede depender de la memoria que deja un temblor.
Bogotá ya no es una ciudad que desconozca sus amenazas. Durante las últimas dos décadas ha construido uno de los sistemas de conocimiento sobre riesgo sísmico más completos del país. Cuenta con una microzonificación que permite entender cómo respondería el suelo en los distintos sectores de la ciudad. El Idiger ha desarrollado escenarios de daños y pérdidas para orientar la toma de decisiones, mientras que el Plan de Ordenamiento Territorial incorporó la gestión del riesgo como un componente estratégico del desarrollo urbano.
Los retos de Abelardo de la Espriella con Bogotá | Opinión