Lo que hasta hace poco parecía un escaño republicano con pocas probabilidades de cambiar de manos comenzó a adquirir un nuevo valor político en Ohio, Estados Unidos. A medida que aumentó la atención sobre las denuncias de violencia doméstica contra el representante republicano Max Miller, los demócratas empezaron a ver una oportunidad para disputar un distrito que los republicanos confiaban en conservar en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.
Un escándalo que remece la campaña
Según informó AP, dirigentes demócratas pidieron la renuncia del congresista, solicitaron una investigación del Comité de Ética de la Cámara de Representantes y dejaron abierta la posibilidad de destinar más recursos a la campaña del candidato demócrata Brian Poindexter, al considerar que Miller podría quedar políticamente debilitado en un distrito que ganó hace dos años con poco más del 51 % de los votos.
La presión política aumentó después de que salieran nuevamente a la luz las acusaciones formuladas por su exesposa, Emily Moreno, hija del senador republicano Bernie Moreno, de origen colombiano. En documentos judiciales, Moreno acusó a Miller de apuntarle con una pistola en la cabeza, lanzarle agua caliente que le provocó quemaduras en el pecho y el estómago, fracturarle la clavícula y causarle contusiones en un hombro.
Los documentos también señalan que la hija de ambos llegó a decirle a su madre: "Papá te va a matar".
Miller, quien cumple su segundo mandato en la Cámara de Representantes y cuya carrera política estuvo estrechamente vinculada al presidente Donald Trump, negó reiteradamente todas las acusaciones. El congresista sostuvo que nunca abusó de su hija y calificó a su exesposa como una persona "mentirosa", "acosadora" y con un trastorno bipolar sin tratar. Además, presentó demandas por difamación contra Moreno y contra una segunda mujer que también lo acusó de abuso.
Miller se aferra a la candidatura
Pese al escándalo, Miller aseguró este domingo que continuará en la contienda por la reelección. "No me voy a retirar de esta contienda, voy a ganar en noviembre", afirmó en un video de cerca de veinte minutos publicado en su cuenta de X. El representante sostuvo que la elección "va más allá de ganar un escaño para el Partido Republicano", al asegurar que también involucra a su familia, a su hija y la necesidad de exigir responsabilidades a quienes, según dijo, difundieron información falsa sobre él.
El distanciamiento con su exsuegro
El caso también provocó un fuerte distanciamiento con el senador Bernie Moreno, padre de su exesposa. Tras la publicación del video de Miller, el legislador afirmó que el congresista no debería continuar en el Congreso. "Si hay algún estándar básico de carácter requerido para ocupar un cargo electo, Max Miller no los cumple", escribió Moreno en X. En otro mensaje agregó que su exyerno necesita "ayuda psicológica seria" y lo calificó como "un peligro para su hija".
De acuerdo con AP, el comité político House Majority PAC, que trabaja para recuperar la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, confirmó que sigue de cerca la evolución de la contienda como parte de su estrategia para competir en distritos tradicionalmente republicanos.
La bancada femenina demócrata en la Cámara también solicitó una investigación ética. En una carta, las representantes Teresa Leger Fernández, Emilia Sykes e Hillary Scholten señalaron que las denuncias de violencia contra mujeres y menores "deben tratarse con la máxima seriedad".
Por su parte, Poindexter sostuvo que las acusaciones merecen una investigación completa por parte de las autoridades y afirmó que, si llegan a demostrarse, Miller "debería estar en la cárcel y no preocupado por conservar un escaño en el Congreso".
Un panorama que se complica para el Congreso
Mientras tanto, la disputa judicial entre Miller y su exesposa, así como las declaraciones públicas de ambas partes, se instaló en la campaña electoral y aumentó la incertidumbre sobre un distrito que, antes de estallar el escándalo, los republicanos daban por asegurado.
El caso de Miller tampoco es el único que salpica al Congreso estadounidense en los últimos meses. El Comité de Ética de la Cámara investiga al representante republicano Cory Mills por denuncias relacionadas con presuntas amenazas de divulgar imágenes íntimas sin consentimiento y al republicano Chuck Edwards por acusaciones de acoso sexual. Además, el demócrata Eric Swalwell renunció a su escaño en abril tras enfrentar acusaciones de agresión sexual y conducta sexual inapropiada.