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El último estofado de cerdo del granjero Oleksander: un sabor que resiste la guerra en Ucrania

En medio del conflicto en Ucrania, la granja de Oleksander en Donetsk, un punto estratégico y símbolo de hospitalidad, desaparece bajo control ruso. Su último tarro de tushonka de cerdo, un estofado tradicional eslavo, revive la memoria y la cultura gastronómica en tiempos de guerra.

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Foto: La voz del país

La granja de Oleksander, ubicada entre Avdiivka y Pokrovsk en la región minera de Donetsk, era un punto de encuentro para periodistas y soldados ucranianos. Este lugar emblemático, que combinaba hospitalidad y apoyo al ejército de Kyiv, quedó bajo control ruso tras los avances en la guerra que comenzó en 2014.

Oleksander, un hombre recio de más de 60 años, protegía con discreción la ubicación exacta de su finca para evitar ataques. A pesar de la guerra, continuó apoyando a las Fuerzas Armadas ucranianas, mientras su familia se preparaba para abandonar la granja ante el avance enemigo.

En una última visita en abril de 2024, Oleksander regaló a un periodista un tarro de tushonka, carne de cerdo cocinada y conservada en un bote de cristal. Este alimento tradicional del mundo eslavo, muy presente en Ucrania y Rusia, ha sido durante décadas un recurso básico para soldados y hogares civiles.

La tradición culinaria de la tushonka

La tushonka consiste en carne troceada, generalmente de cerdo o ternera, cocinada en manteca con laurel y especias, y conservada al baño maría en frascos herméticos. Su durabilidad la convirtió en un alimento esencial para el ejército, aunque su consumo ha disminuido con la modernización de los recursos militares.

Este estofado puede prepararse de diversas formas; una receta común incluye cocer patatas y añadir cebolla, zanahoria, ajo, comino, cúrcuma y la carne de la tushonka, logrando un plato nutritivo y reconfortante, especialmente en tiempos difíciles.

El periodista que recibió el tarro de Oleksander lo conservó durante dos años hasta cocinarlo en 2026, recordando la historia y el valor simbólico de un alimento que representa la resistencia y la cultura ucraniana frente a la adversidad.

Una de las personas cercanas a esta historia es E., un joven ucraniano que decidió voluntariamente unirse al ejército en 2026 tras años de esconderse para evitar la conscripción. Aunque rechazó comer la tushonka por su dieta vegetariana y por el peso simbólico que tiene para las generaciones jóvenes, reconoce la importancia del alimento en la memoria colectiva.

Hoy, Oleksander vive en las afueras de Kyiv, lejos de su granja perdida y sumido en discusiones en redes sociales. La guerra le arrebató su tierra, su pueblo y su tushonka, pero su historia sigue siendo un testimonio del impacto humano y cultural del conflicto en Ucrania.

“Una guerra deberías pasar”, solían decir los abuelos cuando no terminábamos la comida. Ahora, E. está pasando una guerra real y la tushonka forma parte del pasado que él prefiere dejar atrás.

La voz del país

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