A partir del 7 de agosto, Colombia tiene la oportunidad de estructurar un verdadero esquema de Gobierno-oposición, algo que no se veía en décadas. Sin embargo, Fernando Cepeda Ulloa, exministro de Gobierno de Virgilio Barco, advierte que tanto la oposición como el Ejecutivo parecen decididos a dilapidar esta oportunidad histórica.
El legado de Petro en riesgo
Para Cepeda, el principal legado del presidente Petro es haber consolidado una izquierda cohesionada y disciplinada, con capacidad de ser una verdadera alternativa de poder. No obstante, critica que tanto Petro como Iván Cepeda estén desconociendo la legitimidad del gobierno de Abelardo De La Espriella al denunciar fraude electoral sin pruebas.
Si usted comienza como oposición diciendo que hubo fraude y que no reconoce la legitimidad del Gobierno, ya no hay oposición, porque la oposición solo existe si hay un gobierno legítimo y reconocido. Si no lo hay, estamos hablando de otra cosa: sabotaje, subversión o llámela como quiera.
Una oposición dividida y sin rumbo
El exministro señala que la izquierda podría tener dos jefes de oposición: Gustavo Petro e Iván Cepeda, lo que genera división. Mientras Cepeda se declara jefe de la oposición, Petro también reclama ese rol. Esta disputa interna, sumada al desconocimiento del resultado electoral, está erosionando la credibilidad del Pacto Histórico.
- Cepeda debe reconocer la legitimidad del gobierno de De La Espriella para que exista una oposición funcional.
- Petro, al insistir en el fraude, está negando la posibilidad de un escenario democrático de Gobierno-oposición.
- Ambos están dilapidando la oportunidad histórica de la izquierda de regresar al poder en cuatro años.
El desafío del nuevo gobierno
Sobre el presidente electo Abelardo De La Espriella, Cepeda lo califica como un 'fenómeno exótico' que ganó en seis meses sin apoyo de partidos tradicionales. Le recomienda construir una relación respetuosa con el Congreso, sin recurrir al intercambio de favores políticos que tanto desacredita a ambas instituciones.
Debe respetar la autonomía y la dignidad del Congreso y de los congresistas, así como la dignidad de la Presidencia y del Ejecutivo. Hay que terminar con los intercambios de favores que desacreditan tanto al Congreso como al Presidente.
Cepeda concluye que el país no requiere grandes reformas, sino una relación institucional sana, donde la oposición critique y controle al Gobierno de manera civilizada. La izquierda tiene las herramientas para ser una oposición inteligente y eficaz, pero todo depende de que sus líderes acepten las reglas del juego democrático.