En diciembre de 2025, el presidente Gustavo Petro decretó, de manera sorpresiva y sin llegar a acuerdos en las mesas de concertación, un incremento del salario mínimo del 23 por ciento para 2026, con lo cual quedó en 2 millones de pesos, con auxilio de transporte. Hoy, más de seis meses después, ya se empieza a ver qué cambios hubo en los ingresos de los trabajadores y cómo impactó la medida a los bogotanos.
Un incremento que reconfigura el mercado laboral
Según un análisis de Anif, las vacantes que ofrecen puestos de un salario mínimo en Bogotá crecieron un 18 por ciento. Esto contrasta con una caída en las ofertas para ingresos ligeramente superiores, lo que evidencia una polarización en el mercado laboral de la capital.
El impacto en los trabajadores bogotanos
La medida, que buscaba mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores, ha generado un efecto no deseado: las empresas están ajustando sus ofertas hacia el nuevo mínimo legal, reduciendo las oportunidades para quienes ganaban un poco más. Esto podría estar empujando a más personas a aceptar empleos en el umbral del salario mínimo.
Las vacantes que ofrecen puestos de 1 salario mínimo en la ciudad crecieron 18 por ciento, según Anif.
El panorama, según expertos, refleja una tendencia que podría profundizarse si no se generan políticas complementarias que incentiven la creación de empleos de mayor calidad y mejor remunerados en Bogotá.