Noticia Fito Paéz le dio alegría a nuestros corazones: La noche en que 15.000 personas guardaron silencio para escuchar al rockstar argentinoEl artista compartió sus mayores éxitos con su público colombiano. Bogotá fue su última parada, tras conciertos en Medellín, Cali y Manizales.Concierto Fito Paéz Foto: CortesíaLink María Jimena Delgado DíazPERIODISTA13.06.2026 15:35 Actualizado: 13.06.2026 15:35 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Contrario a lo que hacen los cantantes en sus conciertos, Fito Páez le pidió silencio a 15.000 personas. Muchos no entendieron. Algunos siguieron aplaudiendo. Otros aprovecharon para lanzar un último grito. Entonces volvió a pedirlo.—Soy un artista, necesito esto. Hagamos todos silencio.Y, poco a poco, el Movistar Arena obedeció. El murmullo se apagó. Durante unos segundos, la enorme arena bogotana quedó suspendida en una calma extraña, casi imposible para un concierto de rock.Lo que vino después fue una demostración de oficio. Primero aparecieron las cuerdas. Luego las teclas. Después la voz suave y tenue de la corista. 'Esta puta ciudad' comenzó a construirse por capas, lentamente, como si el público estuviera observando el nacimiento de una canción desde adentro.Mientras tanto, Fito Páez abandonó el papel de estrella. Dio la espalda a las 15.000 personas que tenía enfrente y levantó las manos para dirigir a los músicos. Ya no era el cantante. Tampoco el pianista. El hombre que ha pasado más de cuarenta años escribiendo algunas de las canciones más importantes de Latinoamérica y que todavía encuentra nuevas maneras de interpretarlas.Concierto Fito Paéz Foto:Cortesía Si alguien puede darse el lujo de pedir silencio en medio de una ovación es precisamente Rodolfo Páez Ávalos. Y porque, para hablar de él, quizá baste con recordar una línea que escribió en 'Un vestido y un amor': "Todo lo que diga está de más". Su carrera habla sola. A los 63 años, el músico rosarino llegó a Bogotá como parte de una gira que también pasó por Cali, Medellín y Manizales. Aunque llenó casi por completo el Movistar Arena, el concierto nunca se sintió multitudinario. Por momentos parecía una reunión íntima, en la sala de la casa, entre amigos que conocen las mismas canciones desde hace décadas.Dos horas de música bastaron para comprobarlo. Fito saltó de clásico en clásico mientras miles de personas respondían cada palabra a grito herido. Cantó Cadáver exquisito, Es solo una cuestión de actitud, Shine, Tráfico por Katmandú, Lo que el viento nunca se llevó.Es una leyenda viva del rock en español. Eso lo sabe la historia, pero él no se lo toma tan en serio. Por eso, cuando el público le aplaudía o hacía arengas con su nombre, lo único con que respondía era: "Me da vergüenza", en un acento bien argenino. "Todo esto es por ustedes", concluía. La historia del músico comenzó mucho antes de los estadios. Nació el 13 de marzo de 1963 en Rosario. En su casa sonaban Duke Ellington, Antonio Carlos Jobim, Frank Sinatra y Astor Piazzolla gracias a los discos que escuchaba su padre. Antes de enamorarse definitivamente del piano, el fútbol fue su gran obsesión infantil.Concierto Fito Paéz Foto:Cortesía Primero apareció como estudiante obsesivo. Después llegaron los bares, los teatros y cualquier rincón donde pudiera sentarse frente a un teclado. A los trece años integró una banda llamada Staff, con la que ganó un concurso de música progresiva en Rosario. Entre los jurados estaba Juan Carlos Baglietto.Poco después ingresó al círculo que terminaría siendo conocido como la Trova Rosarina. Compartió escenario y canciones con Jorge Fandermole, Rubén Goldín, Adrián Abonizio y Silvina Garré. Las composiciones que aportó a 'Tiempos difíciles' de Baglietto se convirtieron en la banda sonora de una generación que atravesaba los últimos años de la dictadura argentina y la Guerra de las Malvinas.Luego llegó otro encuentro decisivo. En un camerino conoció a Charly García. La conexión fue inmediata. Poco tiempo después formaba parte de la banda de quien había sido su ídolo desde la adolescencia. Participó en la gira de 'Clics Modernos', uno de los discos más influyentes del rock latinoamericano, y grabó teclados y coros en 'Piano Bar'.Mientras tanto, desarrollaba su carrera solista. Primero llegaron 'Del 63' y 'Giros'. Después todo lo demás. Y el resto, efectivamente, es historia. Una historia que apareció una y otra vez durante el concierto.Cuando sonó 11 y 6, por ejemplo, el público volvió a una de las baladas más conmovedoras de la música latinoamericana. La inspiración que dio lugar a ese tema llegó en los años ochenta, cuando Páez observó la historia de amor entre dos niños trabajadores de las calles de Buenos Aires. Aquella imagen terminó convertida en canción dentro de 'Giros' (1985). Años después continuaría el relato en otro tema, 'El chico de la tapa', donde revela un destino mucho más oscuro para aquellos personajes.La emoción apenas se recuperaba cuando llegó 'Ciudad de pobres corazones'. Y allí apareció otra historia. La más dolorosa de todas. Fito perdió a su madre cuando tenía apenas ocho meses de vida. Por eso, su abuela Belia Ramírez de Páez y su tía abuela Josefa Páez se convirtieron en figuras fundamentales durante su crianza.Concierto Fito Paéz Foto:Cortesía En 1986, después de tocar en Río de Janeiro junto a Charly García, recibió una llamada devastadora. Las dos habían sido asesinadas. Los responsables eran dos hermanos que él conocía desde la infancia. La noticia lo destruyó. Destrozó la habitación del hotel donde se encontraba. Después se refugió en Tahití para escapar del asedio mediático y procesar el duelo.De ese dolor nació uno de los álbumes más oscuros y furiosos de toda su carrera. Cuando interpretó los versos de 'Ciudad de pobres corazones', parecía estar atravesando aquella herida otra vez.Algo parecido sucede con 'Circo Beat'. Pocos saben que la canción tiene raíces en un proyecto fantasma llamado 'Novela', una grabación realizada a finales de los años ochenta que nunca llegó a publicarse oficialmente y que terminó convirtiéndose en objeto de culto entre sus seguidores.Parte de aquel material sobrevivió transformándose en nuevas composiciones. Entre ellas, 'Circo Beat'. Así funciona buena parte de la obra de Fito: canciones que se reescriben, personajes que reaparecen, historias que vuelven años después para encontrar otro significado.Concierto Fito Paéz Foto:Cortesía Sin embargo, el momento más emocionante de la noche llegó cerca a la mitad del show. Después de interpretar 'El amor después del amor', conectó de inmediato con 'Dale alegría a mi corazón'. Ni siquiera necesitó cantarla completa. Interpretó apenas algunos fragmentos del coro y luego acercó el micrófono al público. El resto lo hicieron los asistentes.Los músicos dejaron a un lado sus instrumentos y se unieron al canto colectivo. Así, el Movistar Arena se convirtió en un pedazo de cielo construido con canciones. Había lágrimas. Había abrazos. Había gente cantando con los ojos cerrados.Vestido con un traje aguamarina, gafas negras y un afro canoso que acomodaba con la mano izquierda cada cierto tiempo, Fito hizo lo que ha hecho durante cuatro décadas: convertir la música en una forma de consuelo. Sus canciones hablan de pérdidas, de ciudades violentas, de amores rotos y de incertidumbre. Pero también hablan de esperanza. De esa obstinada esperanza que atraviesa composiciones como 'Las cosas que me hacen bien' y que parece recordarle al oyente que todavía existen motivos para seguir adelante.Que ningún problema es tan grande como para romper por completo los vínculos que unen a las personas. Que aún es posible encontrar belleza en medio del caos. Para el final apareció vestido completamente de blanco. La elección parecía apropiada. Era el momento de 'Mariposa Tecknicolor'.Concierto Fito Paéz Foto:Cortesía La canción nació de madrugada, cuando una melodía descartada regresó inesperadamente a la cabeza de Páez. Medio dormido, caminó hasta un piano que había recibido como regalo por su cumpleaños número treinta y comenzó a tocar. Así nació uno de los himnos definitivos del rock latinoamericano.La letra funciona como una radiografía emocional de su familia y de su propia vida. Es un recorrido por la infancia, la memoria, los afectos y el paso del tiempo. Musicalmente también refleja la influencia de los años que pasó viviendo en Capri, Italia, donde absorbió sonidos europeos, pop, rock y ritmos latinos para convertirlos en una celebración de la existencia.Cuando la canción terminó, también terminó la noche. Pero no la sensación.María Jimena Delgado DíazPeriodista Cultural@Mariajimena_delgadod Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. 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