La cumbre del G7 arranca este lunes en la ciudad balneario de Évian, Francia, en medio de una profunda inestabilidad geopolítica. Hasta el miércoles, los líderes de las siete potencias debatirán sobre las guerras en Irán y Ucrania, con la sombra de la volatilidad del presidente estadounidense, Donald Trump, que añade incertidumbre a los esfuerzos del anfitrión, Emmanuel Macron, por alcanzar consensos.
La urgencia de Zelenski en defensa aérea
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, asiste a la cumbre con una agenda clara: solicitar a sus aliados apoyo inmediato en sistemas de defensa aérea y aumentar la presión diplomática y económica sobre Rusia. La delegación ucraniana espera que el G7 emita un comunicado conjunto que refuerce las sanciones y condene la agresión rusa.
Irán, el otro frente caliente
El conflicto en Irán también centrará las discusiones. Los líderes del G7 abordarán la escalada de tensiones en Medio Oriente y las posibles consecuencias para la seguridad global. Se espera que se discutan medidas para contener la crisis y evitar una mayor desestabilización regional.
La incertidumbre Trump y el rol de Macron
La imprevisibilidad de las decisiones de Donald Trump, quien ha mostrado posturas cambiantes sobre ambos conflictos, complica la búsqueda de acuerdos. Macron, como anfitrión, intenta tejer una posición común entre Alemania, Canadá, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea, además de los países invitados. Aunque el lema oficial de la cumbre son los desequilibrios macroeconómicos globales, el foco real está puesto en la seguridad internacional.
El G7 debe demostrar que es capaz de actuar con unidad frente a las crisis, a pesar de las diferencias internas y las presiones externas.