En un operativo sin precedentes, Israel ha eliminado a dos figuras clave del régimen iraní, Ali Lariyaní y Gholamreza Soleimani, y este miércoles continuó con el asesinato selectivo del ministro de Inteligencia, Esmail Jatib, intensificando la presión sobre la cúpula iraní en un conflicto que se mantiene activo desde finales de febrero.
El presidente iraní Masud Pezeshkián confirmó la muerte de Jatib en la red social X, mientras que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, advirtió que ningún alto mando iraní tendrá inmunidad y que el ejército está autorizado para actuar sin necesidad de aprobaciones políticas adicionales.
Paralelamente, Estados Unidos e Israel atacaron una refinería de gas en la costa sur de Irán, en la Zona Económica Especial de Pars Sur, provocando un incendio que llevó a un aumento significativo en los precios internacionales del petróleo y del gas.
Con el liderazgo iraní fragmentado y Mojtaba Jameneí, el nuevo líder supremo, herido según fuentes estadounidenses, la estabilidad del régimen es puesta a prueba, aunque las autoridades iraníes insisten en la solidez de su estructura política y en la continuidad del sistema.
“La República Islámica de Irán tiene una sólida estructura política con instituciones políticas, económicas y sociales bien establecidas. No la afecta la presencia o ausencia de una sola persona”, afirmó Abbas Araghchi, ministro de Exteriores iraní.
La Guardia Revolucionaria iraní ha expresado su intención de venganza, calificando las muertes de Larijaní y Soleimani como fuente de honor y fortaleza, y prometiendo continuar la lucha hasta el final.
En respuesta a estos asesinatos, Irán lanzó múltiples misiles contra Israel, activando sirenas antiaéreas en Jerusalén y Tel Aviv, donde un ataque causó la muerte de un matrimonio de ancianos. La cifra de civiles israelíes muertos en el conflicto asciende a 14.
El ejército israelí, por su parte, mantiene una censura estricta sobre los daños militares y las operaciones, pero se sabe que los ataques iraníes incluyen el uso de bombas de racimo, prohibidas internacionalmente, que han impactado en múltiples puntos del centro de Israel.
La guerra desigual continúa con Irán manteniendo su capacidad para lanzar ataques desde múltiples frentes, incluyendo el Golfo y bases estadounidenses, mientras busca presionar a los aliados de Washington mediante el bloqueo estratégico del estrecho de Ormuz y la escalada de violencia.
Israel, en cambio, apuesta por desmoralizar y fracturar al régimen iraní, confiando en provocar deserciones dentro de las fuerzas de seguridad y debilitando a sus milicias voluntarias, como los Basij, en un conflicto que ya ha dejado miles de muertos en ambos bandos.