Últimamente es habitual oír hablar de “dieta occidentalizada” o “patrón dietético occidentalizado”. A grandes rasgos, se refiere a una alimentación basada en el consumo de alimentos energéticamente densos (con alto contenido en grasas saturadas y azúcares añadidos) y nutricionalmente pobres (bajo aporte de vitaminas, minerales y fibra, entre otros).
Dicho de otra manera, la dieta occidentalizada se caracteriza por un consumo elevado de productos procesados y refinados, carnes rojas y procesadas, azúcares añadidos y grasas saturadas, a la vez que un bajo consumo de frutas, hortalizas, cereales integrales y frutos secos.
El impacto en la microbiota intestinal
Este patrón dietético afecta directamente la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro intestino y que desempeñan funciones clave en la digestión, el metabolismo y el sistema inmunológico. El consumo excesivo de procesados, azúcares y grasas genera inflamación y favorece el crecimiento de bacterias malas, lo que altera el equilibrio microbiano y la buena digestión.
La dieta occidentalizada es ‘tóxica’ para el organismo: este patrón dietético afecta la microbiota intestinal.
Esta dieta implica un alto consumo de productos con muchos carbohidratos y pocas vitaminas, minerales y fibra. Foto: iStock
Link The Conversation | 13.06.2026 06:30 | Actualizado: 13.06.2026 22:01