Un llamado urgente que cambió la mañana
Edilberto Ardila, caricaturista conocido como 'Argón', recibió la llamada de la abuela de una joven embarazada el sábado 11 de julio de 2026. Le pidió que las llevara a la Clínica Cafam, en la calle 127 de Bogotá. Los dolores de parto ya habían comenzado y cada minuto contaba.
Cuando llegó a recogerlas, la mujer no podía caminar. Tres personas la cargaron hasta el vehículo. Ardila arrancó sin perder un segundo, mientras la abuela se acomodaba en el asiento trasero junto a ella.
La solidaridad de los motociclistas
Al tomar la avenida Ciudad de Cali, Ardila empezó a tocar el pito y gritar por la ventana que llevaba una emergencia. La respuesta fue inmediata: varios motociclistas desconocidos comenzaron a abrirle paso. Unos avanzaban delante, otros se desplazaban por los costados pidiendo espacio y algunos detenían el tráfico en los cruces.
El papá del bebé también iba en una motocicleta encabezando el recorrido improvisado. Semáforo tras semáforo, el grupo logró mantener un corredor despejado.
Cuando el bebé no quiso esperar
En medio de los gritos, Ardila buscó tranquilizar a la futura mamá asegurándole que era 'experto en recibir bebés', aunque no tenía formación médica. La frase la calmó por unos instantes, pero minutos después la mujer advirtió que el bebé ya venía.
Ardila apagó el motor, se quitó el cinturón y corrió a la puerta trasera. La cabeza del bebé ya había salido. Preocupado por la higiene de sus manos, usó el pañal limpio de la madre como barrera para sostener al recién nacido.
Hubo un instante de silencio, el niño no lloraba. Ardila empezó a gritarle que respirara. Segundos después, el bebé rompió en llanto. 'Tranquila, ya respiró', le dijo a la madre.
El desenlace y el impacto
Después del nacimiento, Ardila cerró la puerta y retomó el camino hacia la clínica. Solo al llegar supo que el parto había ocurrido sobre la calle 127, antes de la avenida Suba, frente a un concesionario donde años atrás había comprado el mismo carro.
El personal médico ya estaba alertado y esperaba a la madre y al recién nacido. Ardila quedó en estado de shock, sin recordar la hora ni el lugar exacto. Decenas de personas en la clínica lo felicitaron y aplaudieron.
Un héroe sin capa
Ardila insiste en que el mérito fue de los motociclistas que nunca volvió a ver, de quienes detuvieron el tráfico sin preguntar nombres y de todos los que entendieron que ese recorrido era el de un niño llegando al mundo. Horas después, dibujó la escena: un caricaturista recibiendo a un recién nacido mientras Bogotá, por unos minutos, decidió abrirle camino a la vida.
El vehículo quedó cubierto de líquido amniótico y sangre, y pasó tres días en un lavadero. Pero eso fue lo de menos. 'Dios nos puso muchos ángeles en el camino para que Tiago Mateo llegara bien', dijo Yeison López, el padre del bebé.