Desde el 15 de febrero hasta el 22 de marzo, Marruecos retrasa una hora sus relojes para adelantar el iftar, la ruptura del ayuno con la tradicional sopa harira, y así facilitar el cumplimiento del ayuno durante el mes sagrado de Ramadán. Este ajuste temporal permite que los fieles tengan un descanso prolongado antes del suhur, la comida previa al amanecer para soportar más de 13 horas de abstinencia.
Este cambio horario, que difiere del sistema permanente adoptado en 2018 para mantener la hora sin alteraciones, impacta no solo en la vida religiosa sino también en las costumbres sociales, ya que durante el día prevalece un ambiente tranquilo y las actividades se ralentizan mientras se cumple con el precepto de abstenerse de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales.
El Ramadán genera un contraste entre la austeridad diurna y el derroche nocturno en las cenas familiares, con un aumento del consumo alimentario cercano al 20% respecto a lo habitual. La televisión marroquí alcanza picos de audiencia con series familiares que reflejan la tradición y la sociedad durante este mes, como la popular "Bnat Lala Menana".
En el plano social y legal, el debate sobre la libertad de ayunar y de comer en público está vivo. El artículo 222 del Código Penal marroquí contempla penas de hasta seis meses de cárcel para musulmanes que rompan el ayuno públicamente antes del atardecer, una medida que analistas atribuyen a preocupaciones de orden público y sectores conservadores.
A pesar de las restricciones, espacios como restaurantes de cadenas internacionales permanecen abiertos durante el día, atendiendo a turistas y personas exentas del ayuno, como niños o enfermos, quienes pueden comer sin enfrentar sanciones. Sin embargo, la ruptura pública del ayuno sigue siendo un tabú social en Marruecos.
“La regla religiosa no prescribe penas de prisión (...) y se trata más bien de una cuestión de orden público, esgrimida por sectores conservadores para evitar incidentes”, afirma el analista Abdelá Turabi.
El cambio horario durante Ramadán también afecta a los turistas que visitan Marruecos en estas fechas, quienes pueden experimentar hasta tres franjas horarias diferentes en pocos días, y disfrutar de las tradiciones culinarias y culturales del país, como los dulces típicos y las reuniones familiares nocturnas.