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Migrantes africanos en el Golfo: atrapados entre la necesidad de enviar remesas y la inestabilidad regional

Los migrantes africanos en países del Golfo, principalmente en construcción y servicios, luchan por mantener sus empleos y enviar remesas vitales a sus hogares en medio de tensiones entre Irán y EE.UU. que impactan la estabilidad económica regional.

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Foto: La voz del país

Meron, una trabajadora doméstica etíope en Dubái, enfrenta la amenaza de los misiles en el Golfo sin pensar en marcharse, pues su salario es esencial para sostener a su familia en Adís Abeba. Ella representa a uno de los aproximadamente cinco millones de migrantes africanos que laboran en países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), incluyendo Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin y Omán.

Estos trabajadores, provenientes de naciones como Kenia, Uganda, Ghana y Etiopía, se desempeñan en sectores como construcción, hostelería, trabajo doméstico, logística y seguridad. La actual escalada del conflicto entre Irán y Estados Unidos genera preocupación sobre la estabilidad de sus empleos y la continuidad de las remesas que envían a sus países de origen.

El impacto vital de las remesas para África

Las remesas enviadas por la diáspora africana son una fuente crucial de financiamiento para más de 200 millones de personas en el continente, representando cerca del 6% del PIB africano. Países como Gambia y Lesotho dependen de estas transferencias en más del 20%, superando incluso la Ayuda Oficial al Desarrollo. En 2024, África recibió más de 95.300 millones de dólares en remesas, siendo Nigeria, Egipto y Marruecos los principales beneficiarios.

Para muchos migrantes, el temor a perder su empleo se equipara con el riesgo de que sus familias en África pierdan el sustento diario. Sin embargo, por ahora, el flujo de remesas continúa gracias a las plataformas digitales de pago ampliamente usadas en el Golfo.

Tensiones geopolíticas y resiliencia económica

Analistas destacan que, en crisis económicas, los migrantes tienden a aumentar el envío de dinero para apoyar a sus hogares, impulsados también por la depreciación de monedas africanas frente al dólar. No obstante, la verdadera amenaza radica en la estabilidad laboral: si la guerra afecta las economías del Golfo, los proyectos y empleos podrían verse reducidos, impactando directamente a estos trabajadores.

Estudios recientes indican que las remesas de trabajadores kenianos, ugandeses y etíopes en la región del Golfo suman miles de millones de dólares anuales. La volatilidad en precios del petróleo, rutas comerciales y la economía global genera incertidumbre estructural sobre el futuro de estos envíos.

“Rezo por la paz, porque la paz aquí es la supervivencia en casa”, afirma Meron, reflejando la esperanza de millones que dependen de su trabajo en el Golfo para sostener a sus familias.

Líderes africanos, como Cyril Ramaphosa y William Ruto, han expresado preocupación por el impacto del conflicto en las economías africanas y han pedido una solución diplomática urgente para evitar la profundización de la crisis económica y social.

Mientras tanto, los migrantes africanos en el Golfo continúan trabajando con jornadas extenuantes, aferrados a la esperanza de que sus esfuerzos mantengan vivas las economías familiares y el bienestar de sus comunidades en sus países de origen.

La voz del país

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