Comprar un producto en una tienda del exterior, recibir una remesa de un familiar, pagar un servicio digital contratado en otro país o vender un producto a un cliente fuera de Colombia todavía implica, en muchos casos, enfrentar procesos más lentos, costos adicionales y poca claridad sobre cuándo llegará finalmente el dinero.
Esa realidad contrasta con la velocidad que alcanzaron los pagos dentro del país. En los últimos años, herramientas como Bre-B, los códigos QR interoperables y plataformas como PSE comenzaron a transformar la manera como millones de colombianos hacen transferencias y pagan bienes y servicios, reduciendo tiempos y disminuyendo el uso del efectivo.
El reto de la infraestructura
Para alcanzar esta nueva etapa no bastará con conectar bancos. También será necesario fortalecer toda la infraestructura que hace posible cada transacción, garantizando seguridad, velocidad y accesibilidad para todos los usuarios.
El desafío ahora será lograr que las transferencias sean más rápidas, interoperables y con menores costos para personas y empresas.