Palomino tiene esa rara capacidad de enamorar a quien llega por primera vez. Entre la inmensidad azul del Caribe y las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, este corregimiento de Dibulla parece suspendido entre dos mundos. Sin embargo, ese paraíso enfrenta una amenaza creciente: la erosión costera que pone en riesgo su principal tesoro turístico.
Una comunidad unida por la protección costera
Habitantes, empresarios y líderes comunitarios de Palomino se movilizaron para pedir celeridad en la ejecución de obras de protección costera. La manifestación, que reunió a decenas de personas, buscaba visibilizar la urgencia de intervenir el litoral antes de que el mar se lleve más playas y afecte la economía local.
No podemos permitir que nuestro principal atractivo turístico desaparezca. El mar se está llevando la playa y con ella los sueños de muchas familias que viven del turismo.
Tras la movilización, la comunidad logró compromisos concretos de las autoridades para avanzar en las obras de estabilización costera. Entre los acuerdos destacan la agilización de los estudios técnicos y la destinación de recursos para iniciar los trabajos en el corto plazo.
El impacto en el turismo y la economía local
Palomino es uno de los destinos más visitados del Caribe colombiano, conocido por sus playas vírgenes, la desembocadura del río y la oferta de ecoturismo. La erosión costera no solo amenaza el paisaje, sino también los ingresos de cientos de familias que dependen del turismo, desde guías hasta dueños de posadas y restaurantes.
- La comunidad exige obras de protección costera con urgencia.
- Se lograron compromisos de las autoridades para agilizar los estudios y recursos.
- El turismo es la principal fuente de empleo en la región.
La lucha de Palomino es un ejemplo de cómo la organización comunitaria puede presionar a las instituciones para proteger el patrimonio natural. Mientras tanto, el paraíso resiste, entre el mar y la Sierra Nevada, esperando que las promesas se conviertan en acciones concretas.