Durante siglos, el laurel ha sido ese ingrediente discreto que perfuma sopas y guisos y se retira antes de servir. Sin embargo, la ciencia empieza a desmontar ese papel menor: bajo su apariencia modesta, el Laurus nobilis concentra compuestos como aceites esenciales, flavonoides y taninos con propiedades respaldadas por estudios científicos.
Los beneficios que respalda la investigación
- Propiedades antioxidantes: los flavonoides y taninos del laurel ayudan a neutralizar radicales libres, lo que contribuye a proteger las células del daño oxidativo.
- Apoyo digestivo: los aceites esenciales del laurel estimulan la secreción de jugos gástricos, facilitando la digestión y aliviando molestias como la hinchazón.
- Efecto antiinflamatorio: algunos estudios sugieren que los compuestos del laurel pueden reducir la inflamación en el organismo, lo que podría ser beneficioso en condiciones crónicas.
- Control del azúcar en sangre: investigaciones preliminares indican que el consumo regular de té de laurel podría mejorar la sensibilidad a la insulina y ayudar a regular los niveles de glucosa.
Cómo preparar el té de laurel correctamente
Para aprovechar al máximo sus propiedades, la preparación es clave. Hierve una taza de agua, retira del fuego y añade 2 o 3 hojas de laurel secas o frescas. Tapa y deja reposar entre 5 y 10 minutos. Cuela y bebe tibio, preferiblemente sin endulzar o con un toque de miel. Se recomienda consumir máximo dos tazas al día y consultar con un profesional de la salud si se tienen condiciones médicas o se está en embarazo.
La hoja que siempre estuvo en la cocina colombiana tiene más que ofrecer que aroma y sabor. Esto es lo que dicen los estudios científicos.