La enfermedad del hígado graso, o esteatosis hepática, se ha consolidado en los últimos años como una de las afecciones hepáticas más frecuentes a nivel global. El aumento de su incidencia se encuentra estrechamente vinculado al incremento de la obesidad, la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. Los especialistas advierten que, al ser una patología que generalmente no presenta síntomas en sus etapas iniciales, suele pasar desapercibida, lo que eleva el riesgo de que el cuadro evolucione de manera silenciosa hacia condiciones graves como la inflamación hepática, la fibrosis o la cirrosis.
El enfoque principal: cambios en el estilo de vida
Para abordar esta afección, la comunidad médica coincide en que la estrategia central no se basa en fármacos, sino en una modificación profunda del estilo de vida. Los objetivos principales incluyen la regularización de la actividad física, el control de las enfermedades metabólicas preexistentes y la consolidación de un descenso de peso moderado, estimado entre el 7% y el 10% del peso corporal total, mediante pautas nutricionales bien estructuradas.
La alimentación natural ayuda a proteger el hígado. Foto: ISTOCK
Alimentos recomendados para el hígado graso
- Frutas y verduras frescas, ricas en antioxidantes y fibra.
- Granos enteros como avena, quinoa y arroz integral.
- Proteínas magras como pollo sin piel, pescado y legumbres.
- Grasas saludables provenientes de aguacate, nueces y aceite de oliva.
- Pescados grasos como salmón y sardinas, ricos en omega-3.
Alimentos que debería evitar
- Azúcares añadidos y bebidas azucaradas.
- Carbohidratos refinados como pan blanco, pasta y arroz blanco.
- Alimentos ultraprocesados y fritos.
- Carnes rojas y procesadas.
- Alcohol, que puede agravar el daño hepático.
La alimentación natural ayuda a proteger el hígado y reducir el riesgo de complicaciones hepáticas, según los especialistas.
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