La inseguridad en Bogotá se ha convertido en un problema cotidiano, especialmente en localidades como Suba, Usaquén y Engativá, donde el robo de celulares es frecuente. Sin embargo, la impunidad sigue siendo un reto, pues muchos delincuentes capturados en flagrancia quedan libres rápidamente, e incluso bandas completas han sido absueltas por falta de antecedentes.
Casos conmocionantes, como el del feminicida de Cedritos que fue enviado a casa sin evidencias suficientes para prever un nuevo crimen, reflejan la debilidad del sistema judicial. Esta situación genera frustración en las víctimas y sus familias, quienes sienten que la justicia favorece a los delincuentes.
La percepción ciudadana sobre la inseguridad en Bogotá aumenta día a día, y muchos optan por no denunciar o incluso por aplicar justicia por mano propia, lo que solo incrementa la violencia en las calles y no soluciona el problema de fondo.
En respuesta a esta crisis, el alcalde Carlos Fernando Galán ha convocado a las bancadas del Congreso, tanto entrantes como salientes, para buscar herramientas legales que permitan mejorar la seguridad. Entre sus propuestas destaca la revisión del Código Penal para que la Policía pueda acceder inmediatamente a cámaras de seguridad privadas y facilitar la captura de criminales.
Asimismo, Galán plantea sanciones más severas para el hurto de celulares, delito que actualmente se considera de menor cuantía y que, por ende, no recibe la atención judicial necesaria. El alcalde ha expresado su preocupación porque solo cuando la víctima muere se toman medidas efectivas, lo que considera injusto.
“No puede ser posible que cuando asesinaron a un empresario en el norte de Bogotá, las autoridades no pudieron acceder a las cámaras de seguridad instaladas en edificaciones aledañas, lo que facilitó la huida de los sicarios.”
El debate sobre estas reformas debe trasladarse al Concejo de Bogotá y discutirse con la comunidad, frentes de seguridad y la Policía. Ya el alcalde se ha reunido con la Fiscal General y el ministro de Justicia para expresar la urgencia de estas medidas.
Aunque algunos indicadores de seguridad muestran mejoras, la percepción ciudadana sigue siendo negativa, influenciada por la constante difusión en redes sociales de delitos y violencia. De no tomarse acciones contundentes, la sensación de inseguridad continuará creciendo y los criminales seguirán sintiendo que ganan la batalla.
El llamado es claro: es hora de fortalecer las leyes y garantizar que el hurto de celulares y otros delitos no queden impunes. La seguridad y tranquilidad de los ciudadanos dependen de ello.