Una mezcla de aceites naturales preparada para recuperar un cabello maltratado terminó convirtiéndose en una empresa que hoy vende sus productos en Estados Unidos, Perú, Ecuador y República Dominicana y, por supuesto, Colombia, facturando millones de dólares. Su creadora, Angélica Quintero, creció en uno de los barrios populares de Cali, sorteó dificultades familiares, improvisó sus primeros experimentos en casa y transformó una necesidad personal en una oportunidad de negocio.
Una lección desde el aula
Para María del Mar Palau, presidenta de la Cámara de Comercio de Cali (CCC), esa historia no representa una excepción ni una anécdota empresarial. Es la prueba de que el próximo gran empresario del Valle del Cauca podría estar hoy sentado en un salón de clase de un colegio público, sin haber descubierto todavía que crear empresa también puede convertirse en un proyecto de vida.
Aprendimos que también hay que saber renunciar a los negocios que no funcionan: Esteban González, gerente general de Arturo Calle