El interés de las generaciones jóvenes por pasatiempos tradicionales como el tejido y la costura ha registrado un incremento notable en los últimos meses. Según datos de la plataforma 'Eventbrite', la Generación Z acude cada vez más a talleres y círculos de costura con el objetivo de mitigar el agotamiento digital.
Sin embargo, más allá del factor nostálgico o el alivio psicológico inmediato, diversas investigaciones en el campo de la neurociencia demuestran que las tareas manuales lentas y constantes ejercen un impacto directo en la salud cognitiva a largo plazo, favoreciendo el desarrollo de la memoria, la atención, la función motora y la regulación emocional.
El impacto de las manualidades en el cerebro
A diferencia de otras actividades recreativas, los pasatiempos prácticos exigen una participación integral del cerebro. Al requerir procesos de planificación, secuenciación de pasos y resolución de problemas, estas disciplinas activan de manera simultánea los sistemas motor, cognitivo y emocional.
Aprender nuevas habilidades favorece la neuroplasticidad.
Investigaciones en neurociencia revelan que tejer activa la función ejecutiva, reduce el estrés y fortalece la reserva cognitiva. Síguenos y léenos en Google Discover.