Dos terremotos superficiales de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela el miércoles con apenas 39 segundos de diferencia. Catalogados como los más fuertes registrados en el país en más de 125 años, se convirtieron en una tragedia que llega a un país atravesado por años de emergencia humanitaria, sanciones, colapso de los servicios públicos y un cierre del espacio cívico que se profundizó tras las cuestionadas elecciones de 2024.
Un 'cisne negro' que redefine la disputa política
Para Laura Cristina Dib, directora del programa para Venezuela de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (Wola), el sismo es un 'cisne negro' —un evento inesperado y de impacto masivo— capaz de redefinir la disputa política y, en sus palabras, 'retrasar la lucha democrática'.
La experta advierte sobre los riesgos de instrumentalización de la ayuda humanitaria y el posible impacto en la oposición y la sociedad civil venezolana.