El mundo del vino celebra un hito: Alessia Antinori, vigésima sexta generación de la familia florentina propietaria de Marchesi Antinori, asumió la presidencia de Primum Familiae Vini (PFV), el club más selecto del planeta. Con solo 12 miembros, este grupo reúne a bodegas legendarias como Château Mouton-Rothschild, Sassicaia, Tignanello y Vega Sicilia Único, cuyas historias suman más de 2.500 años.
Un club de élite con reglas inquebrantables
Fundado en 1992, PFV solo admite bodegas de propiedad y control familiar, con al menos tres generaciones en el negocio y reputación internacional. La exclusividad es tal que Robert Mondavi, pionero de los vinos de California, fue expulsado del grupo cuando su empresa dejó de ser familiar. La entrada solo se logra por invitación unánime de los socios, y cada año se producen únicamente 12 cajas con los 12 grandes vinos de los miembros.
El legado de las mujeres en el vino
Alessia Antinori no es la primera mujer en presidir PFV; antes lo hicieron Mireia Torres (Familia Torres, 2015-2016), Priscilla Incisa della Rocchetta (Tenuta San Guido, 2021-2022) y Véronique Drouhin (Maison Joseph Drouhin, 2023-2024). Sin embargo, Marchesi Antinori destaca por ser la única bodega dirigida por un triunvirato de hermanas: Albiera, Allegra y Alessia, quienes combinan tradición y modernidad.
Un gran vino nunca es simplemente un producto agrícola; es un artefacto cultural, la expresión de un territorio, su gente y su historia... Y tanto el arte como el vino nos recuerdan que, en un mundo que se acelera, la sensibilidad humana, la paciencia y la visión individual siguen siendo insustituibles.
Un brindis por la excelencia
La reciente reunión de PFV tuvo lugar en Château Haut-Brion (Burdeos, Francia), donde Alessia asumió el cargo de Robert de Luxemburgo. Su gestión promete seguir impulsando el legado de una familia que elabora vinos desde 1385. Salud por las mujeres del vino y por estas bodegas que conservan siglos de conocimiento y excelencia.