Un relato que cambia la historia
El brillante matemático británico Alan Turing (1912-1954), conocido por descifrar el código Enigma de los nazis y sentar las bases de la inteligencia artificial, no era el hombre raro y aislado que se ha perpetuado en el imaginario popular. Un análisis detallado de un relato suyo, conservado en el King College de Cambridge y descrito en la revista The Review of English Studies, revela una personalidad más animada, divertida y disfrutona de la sexualidad de lo que se creía.
La investigación, liderada por la profesora Sarah Dillon de la Universidad de Cambridge, se centra en 'Pryce’s Buoy' (La boya de Pryce), un fragmento de seis páginas escrito a mano de forma descuidada. El texto, que data de finales de 1952 o principios de 1953, rompe con la imagen del matemático solitario y muestra a un hombre juguetón, sin traumas, que asume con orgullo su homosexualidad.
El encuentro que llevó a su detención
El relato se centra en Ron Miller, un chico de compañía de clase trabajadora, y Alec Pryce, un científico homosexual famoso por un invento conocido como 'la boya de Pryce'. Dillon no duda de que Alec representa al propio Turing y que la historia es una adaptación directa del encuentro sexual que condujo a su detención por homosexual a finales de 1951.
No es precisamente un galán, pero tiene cierto atractivo. A caballo regalado no le mires el diente.
La narrativa describe cómo Alec, cansado tras un periodo de intenso trabajo, siente que se ha ganado un poco de diversión. Al salir a buscarla, se encuentra con Ron, un tipo en paro que busca ganar dinero a cambio de sexo. Turing capta la tensión en la relación, ese ir y venir entre acercarse y retroceder, con una habilidad que la profesora Dillon califica de 'realmente buena'.
La literatura como liberación
Dillon considera que las partes más subidas de tono del relato han sido eliminadas, pero destaca que Turing, en los años previos a su muerte, intentaba comprenderse a sí mismo y a su mundo a través de la literatura. 'La literatura le ofrecía una forma realmente poderosa de hacerlo, y está claro que en ella encontró la liberación y la oportunidad de ser más creativo', afirma.
La investigadora también señala que Turing, quien leía novelas de ficción homosexual como las de Angus Wilson, tomó párrafos de uno de sus libros para este relato. 'Cuando empiezas a probar suerte como escritor creativo, copias lo que te inspira. Es una especie de andamio, porque escribir de forma creativa da miedo', explica.
La carrera de Turing se vio truncada tras ser procesado por homosexual en 1952 y aparecer envenenado dos años después en extrañas circunstancias. Su muerte a los 41 años, hoy cuestionada, se consideró en su momento un suicidio. Hoy, esta investigación reivindica al Turing hombre como una personalidad más animada y disfrutona de la sexualidad de lo que se creía.