Al cumplirse una década de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Corea del Sur, firmado el 15 de julio de 2016, el balance de este instrumento clave para la inserción del país en la región Asia-Pacífico revela una trayectoria de profundos contrastes. Tras diez años de implementación, el acuerdo comercial muestra una evolución marcada por la volatilidad, que llevó al país de registrar un superávit histórico a enfrentar su déficit comercial más severo con la nación asiática.
Tres etapas marcadas por la volatilidad
En términos históricos, el intercambio bilateral ha transitado por tres momentos claramente diferenciados. Durante la primera etapa del acuerdo, la relación estuvo caracterizada por déficits persistentes para Colombia, explicados por el peso de las importaciones de vehículos, maquinaria, productos tecnológicos e insumos industriales coreanos, frente a una oferta exportadora colombiana concentrada en bienes minero-energéticos y pocos productos agropecuarios.
En 2025, las importaciones desde el país asiático alcanzaron un récord histórico desde la entrada en vigencia del acuerdo comercial, profundizando el desbalance y generando preocupación entre analistas económicos y gremios exportadores.
El déficit actual refleja la urgencia de una política industrial que diversifique nuestra oferta exportadora y reduzca la dependencia de bienes minero-energéticos.