Orden público

Confrontación Armada en Aracataca: Indígena Muerto y Comunidad Arhuaco Atrapada en el Fuego Cruzado

La Defensoría del Pueblo exige al Ejército Gaitanista de Colombia y a 'Los Pachenca' excluir a civiles de los combates en la Sierra Nevada. Los enfrentamientos, que se extienden desde febrero, han dejado un indígena muerto, seis heridos -incluido un niño-, dos mujeres desaparecidas y viviendas incineradas, generando una crisis humanitaria con riesgo de desplazamiento masivo.

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Foto: La voz del país

La violencia se recrudece en la cuna del realismo mágico

La Defensoría del Pueblo de Colombia ha emitido un enérgico y urgente llamado a los grupos armados organizados que operan en el norte del departamento del Magdalena, específicamente al autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), conocido como Ejército Gaitanista de Colombia, y a la estructura disidente 'Los Pachenca' o Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (ACSN). La exigencia central es la exclusión inmediata de la población civil de los enfrentamientos armados que, de forma intermitente pero intensa, se han venido registrando desde el pasado 17 de febrero en la zona rural del municipio de Aracataca. Este escenario de violencia, que mancha la región natal de Gabriel García Márquez, no es un hecho aislado, sino la manifestación de una disputa territorial estratégica por el control de corredores de narcotráfico, minería ilegal y rutas de contrabando hacia la costa Caribe. La Defensoría, en su calidad de máximo órgano de control ciudadano, subraya que estos combates representan una violación flagrante de los acuerdos sociojurídicos establecidos con el Gobierno nacional, donde ambos grupos se comprometieron a respetar los principios del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

Los hechos más recientes y devastadores ocurrieron entre el 6 y el 7 de marzo en la parte alta de la comunidad indígena Serankwa, en las inmediaciones del sector conocido como Cerro Azul. Según el informe técnico de la Defensoría, el saldo de esta escalada fue la muerte de un integrante de la comunidad, quien falleció a causa de la explosión de una granada de origen indeterminado, presumiblemente lanzada durante un intercambio de fuego entre las facciones rivales. Además, al menos seis civiles pertenecientes al pueblo indígena Arhuaco, guardianes ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta, resultaron con heridas de diversa consideración que requieren atención médica urgente y especializada. Entre las víctimas se encuentra un niño de apenas seis años, cuyo caso evidencia el carácter indiscriminado de la violencia. La entidad también reportó la desaparición forzada de dos mujeres, un delito que agrava el panorama de terror, y la incineración deliberada de viviendas, corrales y animales de cría, lo que constituye no solo un ataque a la propiedad sino un intento de destruir los medios de subsistencia y el tejido social de la comunidad.

Una crisis humanitaria se consolida en la Sierra

Las consecuencias de esta confrontación armada trascienden el momento inmediato de los combates y han generado una crisis humanitaria de proporciones alarmantes. Como medida de emergencia, las actividades educativas en la zona fueron suspendidas indefinidamente, privando a niños y jóvenes de su derecho fundamental a la educación y aumentando su vulnerabilidad. Paralelamente, se registran severas restricciones a la movilidad, impuestas mediante retenes ilegales y la siembra de artefactos explosivos improvisados, que han aislado a las comunidades. La presencia de material bélico, incluyendo armas de largo alcance y municiones sin explotar, contamina el territorio y representa una amenaza latente. Este conjunto de factores crea un riesgo inminente de confinamiento forzado, donde las familias quedan atrapadas sin acceso a alimentos, medicinas o servicios básicos, o de desplazamiento masivo, un fenómeno que ya ha marcado históricamente a la región y que podría recrudecerse en cualquier momento.

Ante la gravedad de la situación, la Defensoría insistió en la necesidad imperiosa de que los grupos armados cesen las hostilidades de manera inmediata y, como gesto mínimo de humanidad, permitan la habilitación de un corredor humanitario seguro, libre de minas antipersonal y de hostigamientos. Este corredor es vital para facilitar el traslado de los heridos, algunos en estado crítico, hacia centros hospitalarios en Valledupar o Santa Marta, donde puedan recibir la atención que requieren. La solicitud fue transmitida formalmente a través de los canales humanitarios establecidos; sin embargo, la falta de respuesta por parte del Ejército Gaitanista de Colombia evidencia el desdén por la vida civil y la complejidad de la interlocución en medio de la confrontación. La entidad recordó que estos riesgos no son imprevistos, pues ya habían sido documentados y advertidos con precisión en la Alerta Temprana Estructural 020 de 2025 sobre la Sierra Nevada y en un comunicado público emitido el 22 de febrero, lo que señala fallas en la capacidad de prevención y reacción estatal.

Llamado a la acción estatal y protección de los pueblos indígenas

Finalmente, la Defensoría del Pueblo extendió un contundente llamado a las autoridades competentes, incluyendo a la Fuerza Pública, la Procuraduría, la Fiscalía y la Unidad Nacional de Protección, para que atiendan de manera urgente y coordinada la situación de riesgo extremo y las violaciones a los derechos humanos que enfrentan las comunidades rurales de Aracataca. La entidad instó a los entes territoriales, como la Gobernación del Magdalena y la Alcaldía de Aracataca, a activar de inmediato sus planes de contingencia y a coordinar acciones concretas con la Unidad para las Víctimas, con el fin de prepararse para una posible ola de desplazamientos masivos o para brindar asistencia humanitaria a las poblaciones confinadas. Este episodio violento pone en evidencia la persistencia de una guerra asimétrica donde los pueblos indígenas, sus territorios sagrados y su forma de vida son utilizados como moneda de cambio en disputas ajenas, exigiendo no solo medidas reactivas, sino una política integral de seguridad que priorice la protección de los civiles y el respeto por la autonomía de los pueblos originarios, en cumplimiento del DIH y de la Constitución Política.

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