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Cruda radiografía de la violencia contra la niñez en Bogotá: bajan los registros, pero persisten alertas por abuso sexual, negligencia y maltrato

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Foto: La voz del país

Análisis Exclusivo suscriptores Cruda radiografía de la violencia contra la niñez en Bogotá: bajan los registros, pero persisten alertas por abuso sexual, negligencia y maltratoEl ICBF Regional Bogotá reportó 2.678 ingresos por violencia contra niños, niñas y adolescentes entre enero y abril de 2026.El hospital que atendió al menor encontró signos de maltrato. Foto: iStockLink Carol MalaverSUBEDITORA DE BOGOTÁ 29.06.2026 22:35 Actualizado: 29.06.2026 22:35 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles La violencia contra los niños, niñas y adolescentes en Bogotá sigue siendo una de las problemáticas más sensibles y complejas de la ciudad. Aunque las cifras oficiales del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Regional Bogotá, muestran una disminución en los ingresos al sistema de protección durante los primeros cuatro meses de 2026, el detalle de los datos evidencia que miles de menores de edad continúan llegando a Procesos Administrativos de Restablecimiento de Derechos (PARD) por situaciones asociadas a negligencia, violencia sexual, agresiones físicas y violencia psicológica.Entre enero y abril de 2026, el ICBF registró 2.678 ingresos de niños, niñas y adolescentes a PARD por motivos relacionados con violencia, omisión o negligencia, violencia física, violencia psicológica y violencia sexual. En el mismo periodo de 2025 se habían registrado 3.090 ingresos por esos mismos motivos. La diferencia es de 412 casos menos, lo que representa una reducción del 13,3 %.Cada cinco días la CAR frena una quema ilegal para producir carbón vegetal: Nemocón lidera los casos y crece la alerta por el fenómeno de El NiñoSin embargo, esa disminución debe leerse con cuidado. El propio ICBF advierte que su Sistema de Información Misional (SIM) no mide la totalidad de hechos de violencia ocurridos en Bogotá, sino los casos que llegan a conocimiento de la entidad y que son registrados dentro de sus competencias de protección. En otras palabras, una baja en los ingresos al sistema no significa necesariamente que haya menos violencia contra la niñez en la ciudad, sino que hubo menos casos conocidos y atendidos formalmente por el Instituto durante el periodo analizado.El SIM, además, no funciona como una base penal ni judicial. No clasifica los hechos según delitos del Código Penal, no registra procesos de judicialización, no consolida información sobre presuntos agresores y tampoco almacena detalles de tiempo, modo y lugar de los hechos. Su objetivo es registrar la atención que reciben niños, niñas y adolescentes con derechos amenazados o vulnerados y hacer seguimiento a los procesos administrativos de restablecimiento de derechos.Esa precisión es clave para entender el alcance de las cifras. Lo que muestran los datos del ICBF no es una radiografía total de la violencia infantil en Bogotá, sino una mirada sobre los casos que ingresaron al sistema de protección. Aun así, el volumen de registros permite identificar tendencias relevantes: la negligencia continúa siendo el principal motivo de ingreso, la violencia sexual sigue teniendo un peso muy alto, las niñas y adolescentes mujeres son las más afectadas y los adolescentes entre 12 y 17 años concentran la mayor proporción de casos.La negligencia, la principal causa de ingresoLa omisión o negligencia sigue siendo la forma de vulneración más frecuente entre los registros del ICBF en Bogotá. Durante los primeros cuatro meses de 2026, 1.349 niños, niñas y adolescentes ingresaron a PARD por esta causa. En el mismo periodo de 2025 habían sido 1.554 casos, lo que representa una reducción del 13,2 %.Aunque la cifra bajó, sigue siendo la categoría con más ingresos dentro del sistema de protección. Esto significa que, por encima de otras formas de violencia, el principal motivo por el cual el ICBF debe intervenir en Bogotá está relacionado con fallas en el cuidado, ausencia de protección suficiente o situaciones en las que los menores de edad no reciben la atención necesaria para garantizar sus derechos.La negligencia puede no tener la misma visibilidad pública que otros hechos de violencia, pero las cifras muestran que es una de las formas más extendidas de vulneración. En el análisis del Instituto, estos comportamientos están asociados a entornos familiares y sociales donde existen fallas en el cuidado, falta de redes protectoras y dificultades para identificar señales de alerta de manera oportuna.Desde una lectura periodística, este dato resulta central: más allá de los casos de agresión directa, el sistema de protección recibe principalmente a niños y adolescentes cuyos derechos se ven afectados por omisiones en el cuidado. Esto pone el foco no solo en la violencia como agresión visible, sino también en las condiciones familiares, sociales e institucionales que dejan a los menores en escenarios de riesgo.Violencia sexual: menos ingresos, pero una alerta que no cedeLa violencia sexual es la segunda gran preocupación dentro de los datos del ICBF Regional Bogotá. Entre enero y abril de 2026 se registraron 1.150 ingresos de niños, niñas y adolescentes a PARD por situaciones asociadas a este tipo de violencia. En el mismo periodo de 2025 habían sido 1.372 casos. La reducción fue de 222 registros, equivalente a una variación del -16,2 %.A pesar de esa disminución, la magnitud sigue siendo alta. En apenas cuatro meses, más de mil menores de edad ingresaron al sistema de protección por hechos relacionados con violencia sexual. Esto confirma que esta forma de agresión continúa siendo una de las principales amenazas contra la niñez y la adolescencia en Bogotá.Dentro de la violencia sexual, los actos sexuales son el principal motivo de ingreso. En 2026 se registraron 752 casos, frente a 928 en 2025, lo que representa una disminución del 18,9 %. La segunda categoría con mayor número de ingresos fue acceso carnal, con 280 casos este año frente a 342 del año anterior, una reducción del 18,1 %. Luego aparece el acoso sexual, que pasó de 90 a 86 casos, con una variación del -4,4 %.Estas tres modalidades concentran la mayor parte de los registros de violencia sexual. Sin embargo, el informe también evidencia incrementos fuertes en categorías que, aunque tienen menor volumen, son de alta gravedad.Los casos de explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes pasaron de siete entre enero y abril de 2025 a quince en el mismo periodo de 2026. Esto representa un incremento del 114,3 %. Las uniones o matrimonios tempranos aumentaron de tres a once casos, con una variación del 266,7 %. Y otras formas de violencia sexual pasaron de dos a seis registros, es decir, un aumento del 200 %.Estas cifras muestran una doble realidad. Por un lado, las modalidades más numerosas de violencia sexual presentan reducciones frente al año anterior. Por otro, algunas formas específicas aumentan de manera significativa y requieren especial atención por el impacto que tienen en el desarrollo integral de los menores de edad.El ICBF señala que los actos sexuales y el acceso carnal continúan concentrando la mayor parte de los casos reportados. No obstante, el aumento en explotación sexual comercial, uniones o matrimonios tempranos y otras formas de violencia sexual refleja riesgos que no pueden ser leídos como marginales solo porque sus cifras absolutas sean más bajas.Violencia física: leve aumento frente a 2025Mientras el total general de ingresos disminuyó, la violencia física tuvo un comportamiento contrario. Entre enero y abril de 2026 se registraron 126 casos, frente a 121 en el mismo periodo de 2025. La variación fue del 4,1 %.El aumento no es amplio en términos absolutos, pero sí resulta relevante porque rompe la tendencia general de reducción. En un contexto en el que bajaron los ingresos por negligencia y violencia sexual, la violencia física creció.Este dato indica que las agresiones corporales contra niños, niñas y adolescentes siguen presentes en los entornos de cuidado y convivencia. También muestra que la respuesta institucional no puede limitarse a las modalidades con mayor volumen, pues algunas formas de violencia pueden estar aumentando aun cuando el total de registros disminuya.Para el ICBF, los incrementos en violencia física y violencia psicológica evidencian la necesidad de fortalecer las acciones de prevención, detección temprana y atención integral frente a las diferentes formas de violencia que afectan a la niñez.Violencia psicológica: el mayor aumento entre las principales modalidadesLa violencia psicológica registró el mayor incremento porcentual entre las principales categorías del informe. Pasó de 43 casos entre enero y abril de 2025 a 53 en el mismo periodo de 2026. La variación fue del 23,3 %.Aunque el número total es menor frente a la negligencia o la violencia sexual, el crecimiento es significativo. La violencia psicológica suele ser menos visible y más difícil de detectar, pero puede tener efectos profundos en el bienestar emocional y en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.Este aumento también puede ser leído como una alerta sobre la necesidad de mejorar los mecanismos de identificación temprana de señales de maltrato emocional. En los registros del ICBF, esta modalidad aparece con menos casos que otras violencias, pero su crecimiento porcentual muestra que no debe quedar relegada en las estrategias de prevención y protección.Las niñas y adolescentes mujeres, las más afectadasEl análisis por sexo muestra una tendencia clara: la mayor proporción de ingresos al sistema de protección corresponde a niñas y adolescentes mujeres.Entre enero y abril de 2026, de los 2.678 ingresos registrados por el ICBF en Bogotá, 1.741 correspondieron a mujeres y 936 a hombres. También se registró un caso de una persona intersexual. En 2025, durante el mismo periodo, habían ingresado 1.994 mujeres y 1.096 hombres.Aunque hubo disminución en ambos sexos, las mujeres siguen concentrando la mayor parte de los registros. En 2026, representan casi dos terceras partes del total de ingresos por situaciones de violencia.El ICBF señala que esta afectación diferenciada se evidencia especialmente en los casos relacionados con violencia sexual. Es decir, las niñas y adolescentes mujeres no solo son mayoría en el total general de ingresos, sino que tienen una vulnerabilidad particular frente a esta modalidad.Este dato es uno de los más importantes del informe porque muestra que la violencia contra la niñez en Bogotá no afecta a todos los menores de la misma manera. Hay una carga diferenciada sobre las niñas y adolescentes, especialmente en el terreno de la violencia sexual.Los adolescentes entre 12 y 17 años concentran más de la mitad de los casosPor grupos de edad, el mayor número de ingresos corresponde a adolescentes entre 12 y 17 años. En 2026 se registraron 1.473 casos en este rango, frente a 1.572 en el mismo periodo de 2025. Aunque hubo una disminución del 6,3 %, este grupo sigue concentrando aproximadamente el 55 % de los ingresos registrados durante el primer cuatrimestre del año.El segundo grupo con mayor afectación es el de niños y niñas entre 6 y 11 años, con 759 casos en 2026. En 2025 habían sido 967, lo que representa una reducción del 21,5 %. En primera infancia, de 0 a 5 años, se registraron 435 ingresos este año, frente a 521 el año anterior, con una disminución del 16,5 %.El informe también registra tres casos de personas mayores de 18 años y ocho casos sin información en 2026. En 2025 se habían reportado 30 registros sin información.La concentración en adolescentes entre 12 y 17 años es otro de los puntos centrales del análisis. Este grupo aparece como el más afectado tanto en 2025 como en 2026. Para el ICBF, se mantiene la tendencia de mayor afectación en adolescentes y en niñas y adolescentes mujeres, quienes representan la mayor proporción de ingresos registrados en el SIM.Suba, Bosa, Ciudad Bolívar, Engativá y Kennedy: los centros zonales con más ingresosEn cuanto a la distribución territorial, el ICBF hace una precisión importante: el SIM no reporta los datos por localidades, sino por Regionales y Centros Zonales. Por eso, la entidad advierte que no se puede afirmar de manera directa que los casos correspondan exclusivamente a una localidad determinada, ya que la competencia territorial de un Centro Zonal puede abarcar diferentes zonas de Bogotá.Con esa aclaración, los cinco Centros Zonales con mayor número de ingresos asociados a violencia contra niños, niñas y adolescentes entre enero y abril de 2026 fueron Suba, Bosa, Ciudad Bolívar, Engativá y Kennedy.El Centro Zonal Suba registró 275 casos en 2026, frente a 251 en 2025. Fue el único de los cinco principales que presentó aumento, con una variación del 9,6 %. Bosa pasó de 266 a 217 casos, una reducción del 18,4 %. Ciudad Bolívar bajó de 314 a 212, con una disminución del 32,5 %. Engativá pasó de 278 a 205, una reducción del 26,3 %. Kennedy pasó de 225 a 190, con una variación del -15,6 %.El dato de Suba llama la atención porque, en medio de una tendencia general de reducción, este Centro Zonal aumentó sus ingresos. En contraste, Ciudad Bolívar, Engativá, Bosa y Kennedy presentaron disminuciones.El propio ICBF resume que los Centros Zonales Ciudad Bolívar, Suba, Engativá, Bosa y Kennedy concentran el mayor número de ingresos registrados durante el periodo analizado, aunque advierte que no deben equipararse automáticamente con localidades.Lo que el sistema no puede decir: agresores, delitos y judicializaciónUno de los vacíos más relevantes del informe tiene que ver con los presuntos agresores. El ICBF no puede entregar una clasificación sobre quiénes son los principales responsables de las violencias contra niños, niñas y adolescentes ni sobre su vínculo con las víctimas.La razón es que el SIM no cuenta con variables de registro o categorías de consolidación estadística que permitan identificar y agrupar los casos según la relación del presunto agresor con la víctima. La información sobre identidad, vínculo y circunstancias particulares hace parte de la historia individual de atención de cada caso, tiene carácter confidencial y reservado, y está bajo custodia de las autoridades administrativas que adelantan los PARD.Esto implica que, a partir de este informe, no es posible establecer si los agresores son familiares, cuidadores, conocidos o terceros externos. Tampoco se pueden asociar los registros a procesos penales ni a judicializaciones, pues el ICBF aclara que esa competencia corresponde al sector justicia.Este punto es fundamental para evitar una lectura equivocada de las cifras. El informe permite analizar los motivos de ingreso al sistema de protección, pero no permite construir una caracterización judicial de los hechos ni de los responsables.Una reducción que debe leerse con cautelaEl balance general muestra una disminución de 412 ingresos frente al mismo periodo de 2025. En términos porcentuales, la reducción es del 13,3 %. Pero el ICBF insiste en que esta variación debe analizarse teniendo en cuenta que los registros corresponden a los casos en los cuales las autoridades administrativas reciben conocimiento y adelantan actuaciones dentro de sus competencias.Por eso, una disminución en los ingresos no necesariamente implica una reducción directa de todas las situaciones de violencia que pueden presentarse en Bogotá. Más bien, refleja el comportamiento de los casos que llegaron al sistema de protección y fueron registrados por la entidad.Desde una mirada periodística, esta advertencia es clave. Las cifras oficiales muestran una baja en los ingresos, pero no permiten concluir que haya menos violencia real en los hogares, colegios, barrios o entornos comunitarios. Lo que sí permiten afirmar es que, aun con esa reducción, el sistema atendió 2.678 casos en apenas cuatro meses.La magnitud del fenómeno sigue siendo alta. Si se observa el promedio, Bogotá registró más de 660 ingresos mensuales al sistema de protección por estas formas de violencia durante el primer cuatrimestre de 2026. Y dentro de ese universo, la negligencia y la violencia sexual concentraron la mayor parte de los casos.Los factores de riesgo que identifica el ICBFEl ICBF identifica varios factores de riesgo asociados al comportamiento de estas cifras. Entre ellos están los entornos familiares y sociales con fallas en el cuidado, la ausencia de redes protectoras, las dificultades para identificar oportunamente señales de alerta y las situaciones de violencia que afectan de manera particular a niñas y adolescentes mujeres.También señala la necesidad de fortalecer la prevención, la detección temprana y la activación oportuna de las rutas de protección. Para ello, plantea la importancia de un trabajo articulado con familias, comunidades, instituciones educativas y demás actores del Sistema Nacional de Bienestar Familiar.El énfasis de la entidad está en que la violencia contra la niñez no puede ser abordada únicamente cuando el caso ya llegó al sistema de protección. La prevención y la identificación temprana son centrales para evitar que las vulneraciones escalen y para proteger a los menores antes de que sus derechos sean gravemente afectados.El informe del ICBF Regional Bogotá deja una conclusión clara: aunque los ingresos al sistema de protección bajaron frente al año anterior, la violencia contra niños, niñas y adolescentes sigue siendo una realidad persistente en la ciudad.La negligencia continúa siendo la principal causa de ingreso. La violencia sexual mantiene niveles altos y presenta incrementos preocupantes en explotación sexual comercial, uniones o matrimonios tempranos y otras formas de agresión sexual. La violencia física y psicológica aumentaron frente a 2025. Las niñas y adolescentes mujeres siguen siendo las más afectadas. Y los adolescentes entre 12 y 17 años concentran más de la mitad de los casos.Por eso, más que una señal de alivio, la reducción general debe entenderse como un dato que exige seguimiento. El desafío no está solo en contar cuántos casos llegan al sistema, sino en detectar cuántos no llegan, en identificar a tiempo los riesgos y en garantizar que las rutas de protección funcionen antes de que la violencia deje marcas más profundas en la vida de los menores.CAROL MALAVERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.com Lea también:Cada cinco días la CAR frena una quema ilegal para producir carbón vegetal: Nemocón lidera los casos y crece la alerta por el fenómeno de El NiñoEvacúan de manera preventiva el Cantón Norte tras emergencia atendida por Bomberos de BogotáDespués de años cubierto por el deterioro, el Templete al Libertador fue sometido a una compleja intervención para revivirlo Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. 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