Expertos lo califican como uno de los tres mejores laterales del mundo, pero la historia de Daniel Muñoz es la de un niño de Amalfi (Antioquia) que, en un trasteo a Envigado, confirmó que quería ser futbolista. A los 10 años se enamoró de Atlético Nacional y, siendo adolescente, se convirtió en barrista de ‘Los del Sur’. Hoy le cumple el sueño a ese niño que jugaba en la calle, con dos piedras como arco, al convertirse en el goleador de su país en un mundial.
Un camino de resiliencia y sacrificio
Pasó como en un pestañeo para quienes apenas se suben al tren de Daniel Muñoz, pero ha sido una vida de sacrificios, de golpes y batallas casi perdidas hasta este momento, en que la Selección Colombia se ha clasificado a los dieciseisavos de final gracias a dos goles suyos, de gran factura y de trascendental importancia. Pero la subtrama nunca fue un camino de rosas.
“Si quieres progresar, debes ser resiliente y mantener la fe en que todo tu esfuerzo dará sus frutos”, decía cuando en el Crystal Palace le hacían sus primeras entrevistas, en un idioma desconocido que nunca lo intimidó.
A estas alturas tiene PhD en eso de caer y levantarse más fuerte. Llegó a tener 20 años sin ser profesional y, a punto de rendirse, terminó en Águilas Doradas, donde todo finalmente comenzó: fue a Atlético Nacional, hizo 7 goles en 20 partidos en su primer año y se fue a Genk de Bélgica sin más herramientas que sus ganas y su talento. A Crystal Palace le costó 10 millones de euros hacerse con sus servicios y ahora su transferencia podría estar sobre los 25 millones, con Barcelona e Inter de Milán como principales pretendientes.
Para Oliver Glasner, DT del Palace, es el jugador ideal: “Daniel tiene una mentalidad de entrenamiento excepcional. En cada sesión es el que más corre, el que más esprinta. En cada partido, juega con la máxima intensidad. Es el deseo de todo entrenador tener un jugador así”, dijo.
Para Lorenzo, es el soldado perfecto, la punta de lanza por la banda, el que ni renuncia ni permite que sus compañeros lo hagan. “Les digo que nunca dejen de soñar, porque nunca es tarde. Yo cumplí mi sueño a una edad avanzada; nada es imposible”, decía antes de ser el goleador nacional en la Copa Mundo a sus 30 años. Nada como predicar desde el ejemplo.
Goleador inesperado
Y aquí está. Jugando su primer mundial cuando muchos menores que él ya tienen más experiencia en un torneo tan exigente. Pero claro, ninguno como él ha marcado dos golazos de tal factura, uno con pirueta incluida en la victoria 3-1 contra Uzbekistán y otro definitivo para vencer 1-0 a Congo después de tanto insistir.
“Hay que manejar la calma, si no la canalizas para bien te puede llevar a equivocarte”, dijo en Guadalajara, justo después de escuchar a más de 45 almas coreando su nombre.
“Tiene que jugar la Champions, tiene que verle todo el mundo, tiene que estar martes y miércoles, no pinta nada los jueves en la Conference. Es uno de los tres mejores laterales derechos del mundo y tal vez me quedé corto; está Hakimi por delante, pero les pelea a Timbers y James, y no hay muchos más. Solo Hakimi lo supera”, decía el estadígrafo Místerchip justo después de verlo resolver un partido dificilísimo en el grupo K.
Muñoz se la creyó hace tiempo, no necesita tantas validaciones. Tuvo un bache importante con la Selección Colombia, cometió un error tonto que lo sacó de una final de Copa América y había tenido problemas para recuperar su senda vestido de amarillo, pero eligió su primer mundial de mayores para recuperar la senda y volver a ser la carta de gol que necesita el equipo cuando todos los de arriba arrastran marcas y urge que alguien aparezca por sorpresa para castigar.
“Cuando empecé a jugar me encantaban los guantes y las camisetas de portero. Quería ser portero. Pero en mi primer partido me hicieron seis o siete goles, ¡y ya no quería ser portero!”, recordaba el hombre clave de la clasificación a los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo.
Nadie lo vio venir, pero él sabía bien cuál era su camino. Y en México ratificó su mantra: “no hay que llegar primero, hay que saber llegar”.