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De una biblioteca comunitaria al Kennedy Space Center: el sueño espacial de cinco jóvenes bogotanos

Noticia De una biblioteca comunitaria al Kennedy Space Center: el sueño espacial de cinco jóvenes bogotanosTras dos años de robótica y financiar su viaje vendie...

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Foto: La voz del país

Noticia De una biblioteca comunitaria al Kennedy Space Center: el sueño espacial de cinco jóvenes bogotanosTras dos años de robótica y financiar su viaje vendiendo quesos y fresas, cinco jóvenes de Quiba Alta irán a la NASA del 22 de julio al 7 de agosto.Cinco jóvenes de Ciudad Bolívar viajarán a la NASA gracias a su mermelada de fresa, reciclaje y robótica, guiados por la profesora Andrea Varón. Foto: BIBLIOTECA DE LA CREATIVIDADLink Tania Alejandra Lopez Castiblanco30.05.2026 21:01 Actualizado: 30.05.2026 21:01 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles En la vereda Quiba Alta, en lo más alto de las laderas de Ciudad Bolívar, el frío de la mañana se siente en los huesos y la niebla casi siempre tapa el paisaje. El 73 por ciento de esta localidad es puro campo; allí se vive de sembrar la tierra y cuidar el ganado. En ese rincón rural de Bogotá, donde la mayoría de los muchachos la tienen difícil para ir a la universidad —apenas el 2 por ciento lo logra, según datos de Bogotá Cómo Vamos—, de acuerdo con datos de Bogotá Cómo Vamos, cinco adolescentes acaban de demostrar que las ganas de salir adelante pesan más que cualquier estadística.El próximo 22 de julio, este grupo de estudiantes de entre 14 y 16 años dejará las botas de caucho para subirse a un avión rumbo a Estados Unidos. Durante dos semanas, hasta el 7 de agosto, vivirán una experiencia con la que muchos científicos sueñan toda su vida: entrenar como astronautas en el Kennedy Space Center de la NASA, en Alabama y la Universidad de Florida.Los jovenes impulsaron su proyecto con ventas de productos elaborados por ellos mismos. Foto:BIblioteca de la creatividad Todo empezó en enero de 2024 en la Biblioteca de la Creatividad, un espacio comunitario que la Fundación Biblioseo armó en la vereda hace 16 años. Los muchachos se sentaron a leer "El niño que tocó las estrellas", un libro que cuenta la historia de José Hernández, el hijo de campesinos migrantes mexicanos que llegó a ser astronauta de la NASA. Al cerrar la última página, se miraron y se hicieron la pregunta que les cambió la vida: "¿Y por qué nosotros no?".Así nació la "Expedición Hacedores a la NASA". Pero a estos adolescentes nadie les regaló nada; ellos mismos gestionaron sus propios pasaportes y visas bajo un reto muy claro: debían conseguir el dinero sin tocar sus ahorros y sin pedirles un solo peso a sus papás. Al evaluar su entorno, descubrieron valor en el reciclaje. Recolectando materiales, reunieron los fondos para los pasaportes. Con esas ganancias crearon la tienda de la Biblioteca de la Creatividad; luego cada uno reinvertía el dinero en desarrollar un producto propio. Su siguiente desafío fue salir a buscar alianzas estratégicas, y de esa manera autogestionaron los costos de sus visas.El viaje es el resultado de dos años de puro esfuerzo. Para subirse al avión tuvieron que cumplir tareas exigentes: mantener notas altas en el colegio, aprender inglés por su cuenta y organizar jornadas de limpieza y siembra de árboles en la vereda. Además, tuvieron que avanzar con rigor en su formación en robótica. Este exigente proceso técnico y pedagógico fue liderado y acompañado de cerca por la profesora Andrea Varón, quien ha sido la guía fundamental en el desarrollo de sus habilidades tecnológicas, contando además con el valioso respaldo didáctico y logístico de UNIMINUTO.La Biblioteca de la Creatividad, en Quiba Alta, fue el lugar donde nació este sueño espacial. Foto:BIBLIOTECA DE LA CREATIVIDAD La academia ha sido un pilar fundamental para este grupo. Las ferias empresariales y universitarias de emprendimiento se convirtieron en su principal vitrina comercial. Instituciones como UNIMINUTO les han abierto las puertas de sus espacios para vender y visibilizar la iniciativa. En estas jornadas, los muchachos comercializan productos locales de su zona como quesos, yogures, arequipes y mermeladas, al igual que llaveros elaborados por ellos mismos con material reciclado.A este esfuerzo se han sumado otras instituciones de educación superior: la Corporación Universitaria Iberoamericana los ha acompañado de cerca en el fortalecimiento de sus proyectos, mientras que el Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA) los tiene muy en cuenta para conectarlos con sus propios estudiantes de cara a estructurar y potenciar sus emprendimientos. El impacto de estas alianzas ya es una realidad tangible: la Universidad EAN creyó tanto en el proceso que becó a Julieth, una de las integrantes del grupo, quien en este momento ya se encuentra terminando su primer semestre en la carrera de Turismo Sostenible.Un gran equipo que ha demostrado que la perseverancia puede llevarlos hasta la NASA. Foto:BIBLIOTECA DE LA CREATIVIDAD Detrás de esta aventura científica hay cinco historias con nombre propio:Está Yeison, de 16 años. Cursa décimo grado y le apasiona el arte; dibuja, actúa y sueña con pintar murales coloridos para cambiarle la cara a su barrio. En Estados Unidos quiere entender “cómo la ciencia planea construir casas en la Luna o en otros planetas”.Julieth tiene 16 años y, gracias al apoyo de la EAN, ya camina con paso firme en la educación superior cursando Turismo Sostenible. Lleva un lustro en los procesos de la biblioteca, sembrando huertas y liderando a los niños más chicos que disfrutan de la lectura. Ella viaja con una duda muy clara: quiere ver “cómo hacen los astronautas para respirar en el espacio” y saber qué comen cuando están allá arriba.Luz Adriana es la más pequeña del grupo, tiene 14 años y cursa octavo. Es una niña campesina orgullosa de sus raíces que trabaja la tierra junto a su mamá. Su idea es aprender todo lo que pueda en el viaje para regresar a Quiba Alta y enseñarles a los niños de la vereda que el mundo es mucho más grande de lo que ven sus ojos.A Haylin, de 15 años, le encantan las carreras de montaña y quiere estudiar Negocios Internacionales o Lenguas Modernas. Sabe que esta oportunidad rompe el muro invisible que muchas veces le frena los sueños a la gente de su comunidad.Y Emily, también de 15 años, es la matemática del grupo, además de atleta y futbolista. Viene de una familia muy humilde que le enseñó el valor del esfuerzo. Ella va obsesionada con ver cómo los números y los cálculos hacen que un cohete no se caiga.Las entradas pueden comprarse en www.kennedyspacecenter.com. Foto:Cortesía Kennedy Space center Llegar a la NASA cuesta 80 millones de pesos. El proyecto ha salido adelante gracias al respaldo de empresas como Brand Solutions y Queen Of Peace en Florida, además de aliados clave como la Fundación Dream Steam, que ha apoyado con fuerza toda la logística del viaje. Con este impulso y el movimiento de sus propios proyectos, los jóvenes ya consiguieron 55 millones de pesos. Para reunir los 25 millones que faltan y asegurar los tiquetes, las comidas y el hospedaje de todo el grupo, tienen una campaña abierta en la plataforma Vaki, donde cualquier colombiano puede realizar su aporte desde 3.000 pesos."Para mí este proyecto es la oportunidad de conectar a la nueva generación de la zona rural de Ciudad Bolívar con su capacidad de soñar, crear y transformar su comunidad. Será la oportunidad de que jóvenes inspiren a otros jóvenes. Es nuestra apuesta para materializar nuestro propósito de erradicar la mentalidad de pobreza desarrollando sus habilidades de liderazgo, innovación y emprendimiento", afirma Iván Triana, cofundador de la Biblioteca de la Creatividad.Cuando vuelvan en agosto, la aventura no habrá terminado. Los cinco se comprometieron a ir salón por salón en los colegios de la zona (el Rural Quiba Alta, el Paraíso Mirador y el José Celestino Mutis) para dar charlas a unos 4.000 estudiantes. El plan es decirles que sí se puede. Al final del día, el mensaje de estos muchachos es muy sencillo: para tocar las estrellas no se necesita nacer en una cuna de oro, a veces solo es necesario tener un libro entre las manos y el coraje de no rendirse.Tania Alejandra López CastiblancoREDACCIÓN BOGOTÁ Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. 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